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LOS POBRES DEL HOSPITAL Y LOS TOROS

Los hospitales eran lugares para recoger a desgraciados y moribundos sin casa ni cobijo digno. Nadie se ocupaba de esta tarea salvo los frailes y las instituciones religiosas. Así ha sido y así es en buena parte del mundo, incluso más cerca de lo que pensamos. Morirse tirado en la calle o en un camino no era cosa insólita hace trescientos años. Los hospitales solían estar financiados por medio de mandas caritativas, patronatos y asignaciones municipales. No siempre, sin embargo, estos ingresos eran suficientes y los procesos inflacionistas dejaban en poco las rentas asignadas, muchos años atrás, para su sostenimiento. Lo que se obtenía se gastaba en médicos, cirujanos, medicinas, jabón y mantenimientos. En julio de 1725* llegaba al Cabildo municipal de Jaén la noticia de cómo el Hospital de San Juan de Dios carecía de camas suficientes para el elevado número de enfermos que albergaba. Los hermanos de la Orden que los atendían tuvieron, incluso, que ceder las suyas. No eran éstas, además, las únicas penurias padecidas. Informados los regidores de Jaén, decidieron ayudar a los religiosos "ya sea pidiendo diariamente por las calles por los señores veinticuatros como en otras ocasiones han hecho" o de otra forma. Un remedio habitual, y muy trabajoso por cierto, era organizar "algún día de regocijo de toros y aplicar el producto de la plaza a dicho hospital" y, de hecho, fue lo que se decidió. Lo de ir por las calles de Jaén pidiendo donativos, justo es reconocerlo, no era para individuos tan orgullosos y envarados, con muy poca gracia para estos cometidos. La celebración de festejos taurinos era, además, un recurso frecuente para recaudar fondos con fines benéficos y vigente hasta hoy.
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*Archivo Municipal de Jaén, Actas del Cabildo municipal, 27-7-1725.

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