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ESGRIMA DE PALO-BASTÓN



Antes todos llevaban bastón. Había manuales que mostraban las más depuradas técnicas para utilizarlo, como medio de defensa, en las ocasiones que se pudieran presentar. En el Manual de esgrima de espada y palo-bastón de don Antonio Álvarez García, oficial de Infantería y profesor de esgrima, publicado en 1887 se dice: "En las cuestiones ocasionadas en un momento, se ven  muchas veces luchar dos personas empleando el palo-bastón; dando el triste espectáculo de salir ambos vencedores y vencidos, por ignorar su útil esgrima". Era un lamentable espectáculo que debía evitarse. Un caballero debía esgrimirlo, si no había otro remedio, con soltura, precisión y elegancia. No como una estaca gañanesca. Un célebre especialista en estas artes fue Sherlock Holmes que en La aventura del cliente ilustre, (1924) declaraba a su interlocutor, describiendo un lance: "como sabe no se me da mal la esgrima con bastón. Conseguí parar casi todos los golpes. Pero dos hombres resultaron demasiados para mí". No está mal. Otro personaje de la serie de Arthur Conan Doyle llevaba un bastón reforzado, en su interior, con plomo. Un recurso tal, barato y de sencillo manejo, aportaría una aceptable tranquilidad para transitar por las calles más lóbregas del Londres victoriano. Certeza que compartiría el policía que aparece en Mendizábal de Pérez Galdós que "llevaba bastón de nudos con gruesa cachiporra". Completaba su vestimenta "  el sombrero de copa, que su oficio le obligaba a usar, y era de catorce modas atrasado". Galdós consideraba que el bastonear con energía, al caminar, era signo de bravuconería y vida jaquetona. Así consta en De Oñate a La Granja.

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LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

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CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



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