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BUHONEROS FRANCESES EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XVII


Los franceses ejercieron distintos oficios y menesteres en la España del siglo XVII. Eran tareas, en muchos casos, no ejercidas por los españoles al ser consideradas ingratas, mal pagadas o de escaso o nulo prestigio social. En otros, sencillamente, los franceses demostraron ser más competitivos que los españoles y ocuparon determinados servicios, ramos y mercados. Martínez de Mata, en sus memoriales y discursos, denunció con virulencia este hecho. Este autor exageraba, de manera notoria, los males propiciados por estos laboriosos franceses. Además, en aquellos años, la opinión general no era muy favorable a éstos tras décadas de guerra. La hostilidad de Martínez de Mata se manifestaba en sus escritos en los que tronaba contra "aquestos franceses, homicidas de la república". Entre los oficios con los que se habían"alzado" los franceses estaban los de capador, calderero, posadero y chocolatero, entre otros. 

Los franceses eran muy aficionados a la venta ambulante. Cajeros, merceros y buhoneros vendían hilo de Flandes, también llamado hilo portugués, peines, baratijas, abanicos, relojes, medias italianas, colonias venecianas, espejos, cajas de concha, agujas, cintas y otras menudencias. Algunos de estos artículos son mencionados en una obrilla, publicada en la segunda mitad del XVII y por tanto contemporánea de Martínez de Mata, llamada Baile del hilo de Flandes y escrita por Pedro Francisco Lanine. Mercancías de poco fuste, superfluas, es cierto, pero que oxigenaban la vida y que eran demandadas por los compradores. Los vendedores ambulantes franceses, además, llevaban a cabo eficiantes estrategias para endosar sus géneros y existencias pues acudían a los domicilios de sus clientes con la natural contrariedad de joyeros y merceros que despachaban su género en tiendas abiertas.

Los comerciantes franceses eran acusados de extraer plata, acuñada o no, con sus tratos para llevársela a Francia. Era una denuncia constante entre mercantilistas y arbitristas. Es evidente que preferían cobrar en plata que en vellón y que sus ganancias acababan en sus lugares de origen, más allá de los Pirineos. En la obra antes citada un cajero francés dice: "yo siempre ando buscando la plata vieja". Se les acusaba de engañar a a gente al pagarla a precio de plomo. Es algo difícil de creer. También de receptar plata robada por criados desleales.
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*Pueden ustedes, si así lo consideran, publicar sus comentarios. Quedaré muy agradecido.

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