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Entradas

VENCEJOS

Ahora que los campos de trigo y cebada están para mirarlos, y pasar las horas muertas en su contemplación, conviene recordar que los cordeles, ligaduras o ramales, a veces de esparto, que sirven para atar las mieses reciben el nombre de vencejos. Era una palabra de uso extendido todavía en los años cincuenta y así la recogieron Manuel Alvar, Gregorio Salvador y Antonio Llorente en su monumental Atlas lingüístico etnográfico de Andalucía. También García Yebra escribió muy bien al respecto. El vencejo es, además, una criatura del cielo que hace prodigiosos alardes de potencia y agilidad en su vuelo. Decía Sebastián de Covarrubias, a inicios del XVII, que es "ave peregrina, que se va a otra region los inviernos, y buelve los veranos" y la asociaba con las ataduras antes citadas "porque tiene los piezecillos cortos, pero las uñas muy largas, y lo que aprieta lo tiene fuertemente". No puedo decir si tiene o no mucho fundamento esta explicación pero es una maravilla y es…
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SAN ISIDRO LABRADOR Y LOS ACHAQUES DE FELIPE III

Volvía Felipe III de un viaje a Portugal, en el verano de 1619, cuando sufrió unas calenturas cerca de Casarrubios, en tierras de Toledo. Las fiebres arreciaron y muchos pensaron que el Rey entregaba el alma. Se difundió la noticia por España y todos vivían entre desasosiegos y rogativas. Puedo referir el caso de Jaén, donde el obispo Moscoso Sandoval tenía informados, dentro de la premura posible en el siglo XVII, al Cabildo municipal. Y de igual manera, con mayor o menor detalle, en el resto de la Monarquía. Para que el Rey recuperase la salud, mandaron llevar el cuerpo de san Isidro a Casarrubios. Decisión sensata, muy española y muy a lo barroco pues, ya antes de su subida a los altares, el santo tenía fama de arreglar desastres en el campo y espantar contagios con la eficacia propia del labriego que ahuyenta bandos de grajillas de los sembrados. Y así fue, el rey más poderoso y más indolente de la Cristiandad rezó y se arrepintió de sus muchos pecados ante los pobres restos de un…

VISITA DE ESCRIBANOS (1644)

El licenciado don Francisco de Ayala Manrique fue enviado por el Rey a Jaén en 1643. Su misión era visitar, o inspeccionar, las escribanías del Número de la ciudad. Estas visitas se realizaban bien de oficio o como consecuencia de las quejas y denuncias provocadas por abusos en los aranceles, corruptelas y excesos de diversa gravedad y naturaleza. Cabe indicar que el Número de escribanos de Jaén, una corporación influyente y con buenos contactos con el poder municipal, consiguió posponer con éxito esta enojosa obligación en distintas ocasiones mediante distintas excusas y, también, con donativos que siempre eran bien recibidos por la Real Hacienda. Al final, estos remedios no fueron suficientes o carecieron de eficacia y lo que tenía que pasar pasó. El licenciado Ayala se presentó en Jaén como juez de Su Majestad para pedir cuentas a los escribanos, gente astuta y de muy difícil fiscalización. Si, como parece, el visitador se trasladó en incómodos viajes a los pueblos dependientes del…

DESPERTAR EN VENTA DE CAMINO

Comenzaba la jornada entre ladridos de perros, juramentos de arrieros y descomedidos bostezos de mozos de mulas. Por fuerza tenía que ser ruidoso el despertar de la venta. La noche, mala o regular, en estancias pequeñas o destartaladas, a las que se accedía por escaleras imposibles, con postigos de mal encaje y cuarterones desencajados, horas de mal abrigo con mantas ruanas y piojos maleados por compañeros de cuarto. Poco que ver con las acogedoras posadas de algunos relatos de Dickens. Ya entrado el siglo XIX, la implantación de las diligencias obligó a cierta mejora en los servicios de ventas y demás hospedajes. No creo, la verdad, que se cambiase mucho. Volvamos a la mañana. En un manual de diligencias de 1831, se indica que el viajero de primera, por dos reales, podía desayunar, a elegir, chocolate, café o té -con sin leche- un vaso de leche con azúcar o, para los más castizos, un par de huevos con vino. Por un real más se podía añadir, para iniciar el día y aclarar la garganta, u…

LA ÉPICA SOLEDAD DEL JABALÍ

“La braveza o bravura del jabalí es proverbial y épica, pues que épica Homero nos lo describe destrozando los sembrados, asolándolos cuando irrumpe en ellos de las brañas de su guarida montesa y es también proverbial y también épica su singularidad, el hecho de que obre solo y solitario, señero.”

(Miguel de Unamuno, Definición del jabalí, en La enormidad de España. La imagen: BNE, CC.)

SUPERSTICIONES REALES

FELICITAR LAS PASCUAS HACE TRESCIENTOS AÑOS

Don Fausto Pereyra, en su Formulario de cartas y billetes, publicado en Madrid, en 1728, nos ofrece algunos modelos para felicitar la Navidad como era debido en personas de buena crianza. Transcribo uno de los más sencillos con su correspondiente respuesta. Observe el lector la sutileza y matices en los parabienes, advertencias, obligaciones contraídas y agradecimientos.

Carta:

La Venida del Humanado Verbo, nos asegura tan ventajosas felicidades como experimentadas Misericordias en que se nos aumentan los motivos de amarle, y se nos acrecientan los de regocijarnos, festejandonos unos a otros. Con el sagrado motivo, pues de estas Pasquas, acudo ansioso a vaticinartelas tan abundantes en dones de vida, y gracia como comunica por ellas liberal la Divina munificiencia y como yo necesito que las poseas, por lo mucho que me intereso en tus prosperidades asi lo espero saber por tu aviso y el que me mandes. Dios te guarde.

Respuesta:

Por el anuncio de las Pasquas , que he merecido a tu fineza ,…

NAVIDADES EN TIEMPOS DE FERNANDO VII

España estaba quebrantada, las colonias perdidas sin remedio y la Real Hacienda acogotada. Conspiraban los liberales y los realistas tramaban venganzas. Fernando VII imponía, sobre todos y sin creer demasiado en nada, su taimada voluntad y su mal gobierno. A pesar de todo, las Pascuas llegaban y los madrileños, transeúntes y estantes se permitían algunos lujos y legítimos esparcimientos.
Los españoles de esos años desayunaban café con tostadas y molletes con manteca del país o de Flandes, también huevos con jamón o torreznos y, si venía a cuento, una copa de aguardiente.  Al mediodía, acudían a cafés, botillerías, fondas y figones. También, cuando era oportuno, a las acreditadas tiendas de ultramarinos de la Villa  para avituallarse con motivo de las fiestas navideñas. No reinaba la abundancia en días tan de capa caída pero algo había. En el Café del Sol -Horno de la Mata, 13-  se servían, en esas fechas, fiambres de jamón dulce y quesitos helados. La clientela podía, incluso, jugar …

LA PARENTELA DE ALFONSO VIII

UN DIPLOMÁTICO ESPAÑOL EN PEKÍN (1868)

“Paréceme que estoy viendo á. V.M. al lado de su augusto esposo y acaso rodeado de toda su Real Familia, leyendo estos garrapatos de su leal Quevedo, escritos a tantos millares de leguas de distancia y con tantas regiones y mares intermedios”. Así comenzaba la carta, enviada a Isabel II, de don Heriberto García de Quevedo, ministro residente del Reino de España en China, con representación además en Japón y Cochinchina. Escribía a inicios de junio de 1868 y lamentaba la muerte del general Narváez. Hombre de convicciones moderadas y monárquicas, alababa desmedidamente a González Bravo entonces nombrado presidente del Consejo de Ministros: “este hombre público reúne a una grande iniciativa, una de las mayores inteligencias de nuestra patria”. Aunque don Heriberto pensaba que “estar en China es poco menos que estar en el limbo”, no carecía de información veraz sobre los malos tiempos que se avecinaban para el Trono.  Proclamaba ante la Reina que “si bien conozco mi pequeñez e insuficien…