LAS FRUTAS DEL VERANO (I)

Asegura Gabriel Alonso de Herrera en su Libro de agricultura copilado de diversos auctores (1513): "y si en sacando las pepitas del melón y enxugando las metieren entre rosas secas o cualquier otro olor y están allí hasta el tiempo de la sementera: nacerán los melones de aquel mismo olor y si quatro días antes que las siembren las tienen los tres en aguamiel o vino y miel o leche nascerán los melones muy dulces u en el quarto las tenga a enxugar y desque esten enxutas las siembren". Y este recurso, advertía, se aplica mejor en los melonares de secano que en los de regadío "que con el agua mucho pierden del olor y sabor todas las hortalizas y mucho más los melones". A tener muy en cuenta: las pepitas del melón son frías y causan sueño, son beneficiosas "para el que tiene los riñones calientes porque despierta la urina y limpian la bexiga y riñones de la arena y piedras". De sus propiedades dio fe Diego de Torres y Villarroel que aseguraba haberse curado del garrotillo con horchatas de pepitas de melón y calabaza, muy azucaradas y puestas a enfriar al sereno.  Los melones, además, "no quieren la tierra estercolada con estiercol porque se corrompe mucho el sabor dellos" y si se ha utilizar "sea con estiercol muy podrido" y mejor de cabras u ovejas que de establo. Otra opción es que  estas reses duerman en el melonar durante un año.  Dos consejos más y una sentencia de Gabriel Alonso de  Herrera: "del melón se ha de comer poco porque son de dura digestión y si es demasiado es venenosa" y, para elegir los mejores, "es buena señal de ser buen melón al que le amarga el peçón y tiene la coronilla dura y es de buen peso". De manera tajante, sentenciaba: "si el melón es bueno es una de las excellentas fructas que ay y no otra más que ella: y si malo muy mala cosa, son los buenos comparados a las buenas mugeres y los malos a las malas".

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