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PICADOR DESPUÉS QUE FRAILE

Hubo frailes que abandonaron el claustro para hacerse soldados y correr aventuras. No pudieron resistir la tentación de la vida arriesgada. Buena decisión, en estos casos, era abrazar el oficio de torero. Refiere el marqués de Tablantes* el caso de un fraile natural de Medina Sidonia, llamado fray Alonso Pérez que, en 1819, cambió los hábitos por la vara larga de picar. Firmó, además, una escritura con la Real Maestranza de Sevilla por la que se obligó a participar en unos festejos, montando el correspondiente jaco. Llegó tal hecho a oídos del padre corrector del convento de San Francisco de Paula de dicha ciudad que, escandalizado, no dudó en ponerlo en conocimiento del teniente de la Real Maestranza mediante un escrito, fechado el 22 de abril de dicho año, en el que censuraba con severidad al fraile taurómaco. Decía: "no puedo ni debo permitir tan gran ultraje a mi santo hábito, que él vistió y profesó". Censurable era que los clérigos fuesen a los toros pero que los picasen era ya demasiado. Aunque no llevasen el sayal. Pedía, en consecuencia, la anulación de dicho contrato "por carecer de facultades el Pérez, para disponer de su persona en tales tratos". El teniente, linajudo y circunspecto -que para eso era maestrante- replicó que "el tal Pérez" ya había empuñado la pica en Madrid y otras plazas y que, según sus noticias, "se trata de un  hombre casado y con hijos". Parece que poco pudieron hacer los franciscanos.

* Ricardo de Rojas y Solís, marqués de Tablantes y conde del Sacro Imperio, Anales de la plaza de toros de Sevilla (1730-1835), 1917

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