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COCHES DEL MADRID ISABELINO



A finales del siglo XVIII Antonio Ponz admiraba la abundancia de coches de punto en Londres y París. No dudaba de la excelente acogida que tendría en Madrid la existencia de este transporte público que ahorraría grandes caminatas, incomodidades y penalidades de toda suerte a vecinos y transeúntes. A mediados del XIX había ya unos trescientos coches de uso público, de distintas características*. El viandante del Madrid isabelino los podía encontrar estacionados en la Puerta del Sol -desde la calle Carretas hasta la de Espoz y Mina- y en las plazas del Progreso, Santo Domingo, del Rey y de Isabel II. También en las calles de Alcalá y Fuencarral. En horario de espectáculos los coches de punto estaban situados en las inmediaciones de los teatros y en horas del paseo en las calles de Alcalá y Carrera de San Jerónimo, entradas del muy concurrido y mundano Salón del Prado. La carrera en un carruaje de un caballo, para una o dos personas, costaba cuatro reales durante el día, seis entre el anochecer y media noche y diez reales de las doce en adelante. Los coches también se podían alquilar por horas, de manera que durante el día la tarifa era, en los de hasta dos pasajeros, de ocho reales la primera hora y seis a partir de la segunda. Desde el anochecer al alba se encarecía el servicio hasta los 14 reales por hora. Los carruajes con dos caballos y cuatro asientos se acogían a los mismos criterios de tiempo y condiciones del servicio oscilando su tarifa entre los seis y los 16 reales. Estos vehículos no podían prestar sus servicios sin las oportunas licencias del corregidor de Madrid y estaban identificados con un número pintado en el testero y los faroles. En el interior debía estar expuesta, en lugar bien visible, la relación de precios y servicios así como los bandos vigentes que reglamentaban el transporte urbano. Para los más refinados o, sencillamente, para los que querían dar más empaque a sus desplazamientos había una amplia relación de coches de lujo, de uso también público, que se podían alquilar en distintos establecimientos de las calles Cedaceros, del Lobo, de los Trujillos, de los Negros y en la Plazuela del Rey. Había muchos tipos de carruajes: landós, tílburis, carretelas, berlinas, góndolas, calesas, omnibús y tartanas.

*Los datos en: Apéndice al manual de la Provincia de Madrid, noticia de los carruajes para el servicio interior de la capital, y tarifa de sus precios; trasportes para todas las carreras; entradas y salidas de diligencias, é itinerario de las mismas. Madrid, 1849

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