Ir al contenido principal

BIGOTES RETORCIDOS



Retorcerse el bigote fue costumbre muy extendida en todos los estamentos de la España del siglo XVII, en especial entre elegantes, soldados y jaques. En la vida de Estebanillo González aparece un valiente "cuyos mostachos unas veces le servían de daga de ganchos, y otras de puntales de los ojos, y siempre de esponjas de vino". Junto a tales prendas se indica que no cesaba de "echar tacos y por vidas", rasgo que quedará demostrado líneas adelante. Mandó el matasiete a Estebanillo "muy a lo crudo" y llamándole "señor chulo" que le alzase los bigotes. En lenguaje de germanía, chulo era lo mismo que muchacho o mozo. Pero sigamos con el arte de la barbería. Puso el pícaro, que era aprendiz pero no oficial como, no sin atrevida jactancia, le dijo al cliente, unos hierros a calentar para la tarea pero se le fue la mano en la temperatura, los debió de poner al rojo, y al aplicarlos a los adornos capilares del jaque se levantó una terrible humareda y se pudo oír "un sonoroso chirriar" y percibir "un olor de pie de puerco chamuscado". El valiente reaccionó como era de esperar y con desgarro sin tasa dijo: "¡Hijo de cien cabrones y de cien mil putas!. ¿Piensas que soy san Lorenzo que me quieres quemar vivo?". Estebanillo, vistas las cosas, consideró que lo más prudente era escapar, rápido, todavía con el hierro caliente en la mano y, colgando de éste, un bigote tan descomunal "que podía servir de cerdamen de hisopo y anegar con él una iglesia al primer asperges".

Entradas populares de este blog

LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

PROTESTANTES DE EL CENTENILLO

Los ingleses explotaban las minas de plomo de El Centenillo, a pocos kilómetros de La Carolina, ya en Sierra Morena. Allí estaba instalados los Haselden, una familia inglesa, que corrió aventuras y trabajos en el pueblo y la comarca. Entre sus componentes podemos recordar a Arthur Haselden. Don Arturo, conocido así por el paisanaje, fue secuestrado en 1874 por unos facinerosos que obtuvieron un cuantioso rescate de 5.800 libras. En esos tiempos, Andalucía podía ser un lugar peligroso. Su hija, Mary Ethel Haselden, llamada por los del pueblo "doña Eze", según leo en Luis García Sanchez-Berbel, hacía proselitismo protestante entre los mineros, acompañada por una criada española llamada Flora y previamente catequizada. Llegó a existir en el poblado una iglesia de esta obediencia. Allí, los ingenieros ingleses y algunos mineros convertidos cantarían los domingos sus himnos como si estuviesen en Gales o en el Yorkshire. Entre los neófitos destacó un vecino llamado Raimundo Parril…

CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



Cuando el Imperio Romano de Occidente se hundió, en el siglo V, sólo permaneció, en palabras de FW Walbank en su obra La pavorosa revolución, lo que estaba arraigado en la tierra: el cultivo de la viña, las antiguas fronteras, las murallas de las ciudades y los edificios. Yo añadiría que también los cortijos. Fueron los parientes pobres de los monasterios y de los ca…