GRANADAS POR SAN MIGUEL
Una huerta con granados era un tesoro. Sobre todo en estos días de septiembre y octubre. Leo en viejas escrituras notariales que Juan de Gámiz Biedma, veinticuatro de Jaén, tenía una en el pago de Santa Isabel la Vieja. En 1588 la arrendó a Cristóbal de Milán por cuatro años. El pago anual era de 29 ducados y "cuatrocientas granadas de Castilla" que debían entregarse por el día de San Miguel. En el mismo año, Pedro de Cuenca, arrendó a Juan Ruiz Moreno, vecino de la colación de San Juan, otra huerta en el sitio de Guadualla, en el término de La Guardia y cerca del Guadalbullón, por ocho ducados al año y cuatrocientas granadas, la mitad dulces y la mitad agrias, y dos cestas de fruta "de la que obiere en la dicha güerta". En otra escritura, del mismo año y también de Jaén, leo que el propietario de otra huerta, recibiría por el mismo día y cada año, cuatro ducados "y media fanega de nueces de una noguera questa la dicha huerta". Tampoco estaba mal lo de las nueces para acompañar una buena conversación, junto a la lumbre, durante las tardes de aires y aguas. La llegada de las cestas de granadas, membrillos y nueces a portones, cámaras y zaguanes anunciaba el tiempo de los días cortos.

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