Ir al contenido principal

CÁNOVAS EL PROTECCIONISTA




Cánovas hizo proteccionista a la derecha liberal española. Las otras derechas, integristas y carlistas, por antiliberales, nunca estuvieron de acuerdo con la libertad económica. En 1891 Cánovas escribió De cómo he venido a ser yo doctrinalmente proteccionista. Estaba convencido de que España no podía competir con otros países mientras careciese "de los recursos materiales y morales necesarios para igualarse con las más adelantadas". Para el jefe conservador, aplicar el liberalismo económico supondría la muerte de la nación por consunción "en agonía lenta y repugnante". Era, decía, obligación de todo estadista responsable y patriota defender, mediante aranceles sólidos, la producción de cereales, la minería del hierro y el sector algodonero. Y de paso, aunque esto no lo decía, contentar a los cerealistas castellanos -y no sólo castellanos-, a la gran burguesía bilbaína y los fabricantes catalanes que constituían tres poderosos lobbies. Además, en 1883, Cánovas hizo ver que si España quería mantener una política exterior basada en la neutralidad, alejada de conflictos y alianzas peligrosas, tendría que apoyarse en el proteccionismo para no depender económicamente de otras potencias. Cánovas, junto a lo expuesto y con razón, desmontó el tópico de las infinitas riquezas de España: "O mucho me engaño, o solo entre gente ignorante corre aún la antigua especie de que nuestro país tiene mejores condiciones nativas para producir que ningún otro [...] es el nuestro uno de los más naturalmente pobres entre los de Europa". Esta valoración se fundamentaba, entre otras posibles fuentes, en las desconsoladas apreciaciones de Lucas Mallada, recogidas en Los males de la patria (1890). El modo en que una nación tan pobre y con tales mimbres pudiese autoabastecerse de lo necesario y satisfacer, a precios asequibles, la demanda de productos básicos es un enigma que Cánovas no desvela en su escrito. No digamos ya mantener una industria nacional productiva y rentable. En realidad, esto nunca lo han explicado bien los proteccionistas y demás intervencionistas, ni ayer ni hoy, y cuando lo han hecho han caído, con harta frecuencia, en el arbitrismo más puro o, de lleno, en la literatura fantástica. De manera simultánea a la publicación del opúsculo que tratamos, Cánovas aprobó el arancel de 1891. Para Juan Velarde, tal decisión, supuso la entrada de España en el camino del nacionalismo económico, inspirado por el modelo heterodoxo alemán y reforzado después con el arancel de 1906. Antonio Maura, el otro gran líder del conservadurismo español, también apoyó esta política económica mediante la defensa de una política económica intervencionista, cartelizadora y corporativista. Es cierto que Cánovas no tuvo quizás demasiadas opciones, cuando países como Estados Unidos o Gran Bretaña, de gran tradición liberal, aplicaban medidas arancelarias. Todos se hacían, como se puede ver, proteccionistas. Los republicanos y la derecha no liberal, como apuntábamos al principio, desde Don Carlos -Carlos VII para los carlistas- hasta los propios integristas. El proteccionismo, en gran medida, hacía revivir al mercantilismo y al intervencionismo económico del Antiguo Régimen plasmado en ordenanzas municipales, leyes reales y normativas gremiales. La Autarquía, que a Franco tanto le costó abandonar, fue la consecuencia última de esta tendencia, reforzada por la Dictadura de Primo de Rivera y por la II República, antes incluso de la recepción del pensamiento keynesiano. Visto lo anterior, es fácil reconocer la genealogía de la atracción que ejercen hoy, sobre populistas de izquierdas y de derechas, el retorno a las economías nacionales, el rechazo a la globalización y el mito de la autosuficiencia. 
_______________
Imagen: BNE Creative Commons

Entradas populares de este blog

LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

PROTESTANTES DE EL CENTENILLO

Los ingleses explotaban las minas de plomo de El Centenillo, a pocos kilómetros de La Carolina, ya en Sierra Morena. Allí estaba instalados los Haselden, una familia inglesa, que corrió aventuras y trabajos en el pueblo y la comarca. Entre sus componentes podemos recordar a Arthur Haselden. Don Arturo, conocido así por el paisanaje, fue secuestrado en 1874 por unos facinerosos que obtuvieron un cuantioso rescate de 5.800 libras. En esos tiempos, Andalucía podía ser un lugar peligroso. Su hija, Mary Ethel Haselden, llamada por los del pueblo "doña Eze", según leo en Luis García Sanchez-Berbel, hacía proselitismo protestante entre los mineros, acompañada por una criada española llamada Flora y previamente catequizada. Llegó a existir en el poblado una iglesia de esta obediencia. Allí, los ingenieros ingleses y algunos mineros convertidos cantarían los domingos sus himnos como si estuviesen en Gales o en el Yorkshire. Entre los neófitos destacó un vecino llamado Raimundo Parril…

CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



Cuando el Imperio Romano de Occidente se hundió, en el siglo V, sólo permaneció, en palabras de FW Walbank en su obra La pavorosa revolución, lo que estaba arraigado en la tierra: el cultivo de la viña, las antiguas fronteras, las murallas de las ciudades y los edificios. Yo añadiría que también los cortijos. Fueron los parientes pobres de los monasterios y de los ca…