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CÁNOVAS Y LOS ÁRBOLES

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Eugenio Noel en su tremendista Pan y toros (1913) describe una España en la que los mozos, desaforados y bárbaros, destrozaban los árboles para alardear de su fuerza. El supuesto odio de los labradores y pastores al árbol fue uno de los muchos tópicos difundidos por regeneracionistas y noventayochistas. No negaremos que podía existir un fondo real, todo lo exagerado que se quiera por escritores y publicistas, en esta actitud. El bosque se ha considerado, durante siglos, improductivo y los bajos rendimientos de la tierra se trataban de compensar con un aumento de las roturaciones en perjuicio de la riqueza forestal. También pesaba la tradición ganadera, trashumante y extensiva, poco amiga entonces de los bosques cerrados. Sin embargo, el paisaje de finales del XIX, por fuerza tenía que mostrar los efectos de una desforestación que, si bien venía de antiguo, se acrecentó con unos procesos desamortizadores  prolongados hasta la década de 1890. Entre 1860 y 1890 se subastaron más de...

LA ROCHEFOUCAULD, CORBIE Y UN MAL RATO PARA EL CONDE DUQUE

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FUENTE: BNE (CC) A mediados de agosto de 1636 los españoles entraron en Corbie. Buena jornada fue aquella pues, tomada la plaza, los veteranos del Cardenal Infante sólo tenían que recorrer ochenta kilómetros, con las picas al hombro, para entrar en París. Allí, mientras, había representaciones de El Cid de Corneille. Lo español tenía mucho peso en aquellos años. Poco duró el júbilo por la victoria pues los franceses, que eran buenos soldados también, se rehicieron y recuperaron Corbie el 14 de noviembre. Pasó muy mal rato el Conde Duque cuando se enteró de tan aciaga noticia. Dirá después: "sólo deseaba acostarme y morir". En la reconquista de Corbie estuvo el duque de la Rochefoucauld. Era muy gran señor, elegante a más no poder y desengañado. Don Francisco Giménez Gracia, en un memorable artículo  sobre los entronques de la Casa de La Rochefoucauld con el hada Melusina, afirma, con tanta razón como elegancia, que perdió todas las batallas más nobles del Gran Siècle.  ...

EL ÚLTIMO TRAGO DE DON ÁLVARO DE LUNA

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Pasó la noche en vela don Álvaro , acompañado de frailes, y se puso en paz con Dios. Al religioso que lo confesó "rogó con mucha aficción [...] que non le dexasse nin se partiesse del fasta el passo de la muerte"*. Hizo testamento y se arrepintió de sus malas acciones. Al clarear, en esa mañana de junio de 1453, se compuso, afeitó y lavó su cara. Oyó misa, recibió la comunión y, después, le trajeron un plato de guindas, del que tomó algunas, pan y una taza de vino puro. Después lo condujeron a la Plaza Mayor de Valladolid, frente al convento de San Francisco. Allí estaba el patíbulo. Tenía éste un suelo de tablas que, para adecentarlo, lo cubrieron con una alfombra. También compusieron allí un altar y fijaron un palo con un garabato de hierro. Llegó don Álvaro con una comitiva de frailes y gente armada, montado sobre una mula enjaezada de luto " con aquel gesto, é con aquel semblante, é con aquel sosiego que solía cabalgar los passados tiempos de su leda e risueña f...

UNA CESTA DE LA COMPRA DE 1819

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Portada del Pósito de Jaén No había mucho que comprar y vender en la España del reinado de Fernando VII. Las finanzas de la Monarquía estaban al borde de la bancarrota y al desbarajuste fiscal se unía un caos monetario en el que circulaban monedas de la más diversa época y procedencia. Aunque en las sociedades premodernas lo normal era pasar penurias, éstas se hacían insoportables si las cosas adquirían un cariz peor del habitual. No es cierto que antes de la Revolución Industrial se viviese en armonía con la naturaleza y en medio de la abundancia. El desarrollo del mercado y de la libertad económica fue el único medio para dejar atrás la pobreza y la precariedad crónicas en que vivían la gente corriente. Una lectura atenta de los datos que aporto contribuyen a demostrar lo dicho: Trigo: 34-38 reales (fanega rasada) Cebada: 14-16 reales (fanega rasada) Habas: 25-28 reales (fanega colmada) Centeno: 26-29 reales (fanega colmada) Escaña: 12-14 reales (fanega colmada) Yero...

BUHONEROS FRANCESES EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XVII

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Los franceses ejercieron distintos oficios y menesteres en la España del siglo XVII. Eran tareas, en muchos casos, no ejercidas por los españoles al ser consideradas ingratas, mal pagadas o de escaso o nulo prestigio social. En otros, sencillamente, los franceses demostraron ser más competitivos que los españoles y ocuparon determinados servicios, ramos y mercados. Martínez de Mata, en sus memoriales y discursos, denunció con virulencia este hecho. Este autor exageraba, de manera notoria, los males propiciados por estos laboriosos franceses. Además, en aquellos años, la opinión general no era muy favorable a éstos tras décadas de guerra.  La hostilidad de Martínez de Mata se manifestaba en sus escritos en los que tronaba contra "aquestos franceses, homicidas de la república". Entre los oficios con los que se habían"alzado" los franceses estaban los de capador, calderero , posadero y chocolatero, entre otros.  Los franceses eran muy aficionados a la venta amb...

EPITAFIO A UN MASTÍN DEL SIGLO XVIII

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Jules Klein en su obra La Mesta (1936)   afirmaba que en los tiempos antiguos cada rebaño de ovejas era guardado por  cinco mastines. Eran cuidados con el mayor esmero y se les suministraba la misma cantidad de comida que a los pastores. Los mastines extraviados no podían pasar a posesión de pastor o ganadero alguno sin la autorización del Honrado Concejo. Klein consideraba que algunos de los perros pintados por Velázquez pertenecían a esta raza. Vivieron con los rebaños, custodiaron los vellones, honraron apriscos y majadas, recorrieron las tierras de España por cañadas, cordeles y veredas, lidiaron con lobas pardas, soportaron en sus guardas calores, tormentas y escarchas. Fueron la silenciosa compañía de los pastores y compartieron el pan, de trigo y cebada, con sus hermanos los careas, y ennoblecieron  los horizontes del paisaje ibérico. Mucho le es debido a estos perros, criaturas de romance viejo. Por cierto, el  Diario de Madrid , de 16 diciembr...

MISAS DE JUGUETE

En tiempos pasados los niños jugaban a ser curas. Algunos tenían altarcillos con todo tipo de objetos litúrgicos en miniatura. El equipo podía complementarse con  casullas de talla pequeña. Esto era, eso sí, entre gente muy principal. Los de familias más modestas, o más ahorrativas, siempre podían improvisar lo necesario, para tales juegos,  con ropones viejos, vasos desportillados y algún escaño de pino. Debía de ser cosa graciosa ver a aquellos chiquillos de antaño predicar e impartir penitencias y bendiciones, según tocase, a una feligresía -entre divertida y fastidiada- formada por familiares y criados. Estos entretenimientos eran también un buen medio para encaminar a algunas de estas criaturas, dentro de la más concertada política familiar, hacia la vocación sacerdotal o conventual. Otros, más arriscados, jugaban a ser soldados o toreros. Tenía que haber de todo. Al leer una hagiografía, escrita en el setecientos, dedicada a sor  Martina de los Ángeles y Arilla , mo...