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EL ATENTADO DEL CAPITÁN CLAVIJO (I)

El tres de junio de 1895 el general don Fernando de Primo de Rivera, I marqués de Estella y Capitán General de Madrid, hacia las once y media de la mañana, se disponía a salir de su despacho. Conversaba con varios jefes y oficiales cuando, por una puerta lateral, sin petición previa de audiencia, entró en la estancia el capitán de Infantería don Primitivo Clavijo. Había permanecido en la antesala durante una hora y media, aparentaba absoluta calma y fumó, según cuentan, un puro. Sólo llamó la atención que, ante la llegada de un jefe militar, con traje de paisano, no se cuadrase, a pesar de ver a otros hacerlo. Al ser recibido por Primo de Rivera, éste le rogó que tuviese la bondad de ser breve pues tenía muchas cosas que hacer. El capitán Clavijo se cuadró y le dijo: "A la orden de V.E.: vengo a matarle",  sacó un Smith &Wetson del bolsillo del pantalón y disparó contra el general alcanzándole en el pecho. El gobernador militar de Madrid, general Sánchez Gómez, allí presente, se abalanzó contra el agresor y consiguió desviar un segundo disparo que, sin embargo, alcanzó a Primo de Rivera en el antebrazo. Con los disparos y el lógico alboroto acudieron al despacho varios oficiales, entre ellos el ayudante del general, Aymerich, que se lanzó sable en mano contra Clavijo. Tuvo la mala fortuna, en la confusión, de asestar dos sablazos, afortunadamente de plano, al gobernador militar, aunque también hirió a Clavijo en la mejilla derecha. Al ser el agresor hombre de grandes fuerzas costó mucho reducirlo. Mientras, Primo de Rivera pedía que le desabrochasen el cuello de la guerrera. También, dicen los periódicos, al recibir los dos tiros, exclamó "¡Miserable!, ¡traidor!, ¡me has matado!". Clavijo, después, bebió un vaso de agua con toda calma  y rechazó que atendiesen sus heridas pues no valía la pena ya que pronto iban a asestarle cuatro que le costarían la vida. Don Fernando Primo de Rivera salió andando del despacho, a pesar de las heridas, y muy airado lamentaba que él, que tantas veces había puesto su vida en juego por altas causas, fuese a morir así, sin pena ni gloria. como un  perro. No había llegado, a pesar de todo, su hora. El parte facultativo, firmado por el Dr. Losada calificó las heridas de "pronóstico muy grave, aunque no mortal de necesidad". El capitán Clavijo fue conducido a una prisión militar. De él nos ocuparemos en la próxima entrada.

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