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LA DESPEDIDA DEL PRÍNCIPE DE GALES

El nueve de septiembre de 1623 inició su retorno a Inglaterra el Príncipe de Gales, o de Walia, como decían los españoles del XVII. Se despidió de Felipe IV en la dehesa del Campillo, sobre un altozano llamado Mata Guadarrama, en El Escorial. Al llegar al lugar citado se apartaron Don Felipe y Don Carlos de sus séquitos y allí "sentados más de media hora conversaron. No se induce en que materia, porque lo arcano y sacro de los reyes, como dijo el Arcángel Rafael a Tobías, abscondere bonum est". Después se mandó erigir un trofeo en memoria de suceso. El tiempo, que no conoce de respetos humanos, regios o no, acabó por arruinarlo. 
Bien podemos considerar el pausado hablar del Austria y del Estuardo, ambos muy jóvenes todavía. Y suponer la reverente distancia mantenida por grandes y gentilhombres en la cercanía de los altos y ventisqueros de Guadarrama. Secretos, disimulo y cortesía a partes iguales. Me pregunto si en el invierno de 1649, próximo ya a tomar el camino del cadalso, el rey Carlos I recordaba, con la fugacidad de un fuego de luminarias, la luz velazqueña de aquel día de septiembre.

El dato aparece en: Andrés de Mendoza, Relación de la partida del Serenísimo Príncipe de Walia que fue nueve de septiembre de 1623, Imprenta de la viuda de Alonso Martínez, 1623. Conozco este obra gracias a la publicación que de ésta hizo Gregorio de Andrés en 1974.

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LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

PROTESTANTES DE EL CENTENILLO

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CORTIJOS

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