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DE TAUROMAQUIA DEL XVII Y DEL DESVANECIMIENTO DE UN DANÉS

El tres de noviembre de 1640 hubo fiesta de toros en el Buen Retiro para agasajar a los embajadores de Dinamarca. No saldrían de su sereno y escandinavo asombro. La efusión de sangre ocasionó, de hecho, el desvanecimiento de un danés. Tal suceso debió de provocar la estupefacción y la incomprensión de un público tan acostumbrado a estos lances y gajes. En cualquier caso, fue un festejo accidentado. Según los cronistas, quedó maltrecho un caballero en plaza apellidado Gallo. Creo que puede tratarse de don Alonso Gallo Gutiérrez, señor de Fuente Pelayo y natural de Burgos, autor de unas Advertencias para torear (1654), citadas por José María de Cossío, dedicadas al duque de Medina Sidonia. Desconozco si el suceso de don Alonso Gallo fue porrazo, costalada o cornada. Tenía que ser muy bizarro y apenas le daría mayor importancia al percance. Tengo lo dicho por cosa segura, como si yo hubiese estado allí, en los andamiajes del coso. El conde de Cantillana -famoso en las lides taurómacas de su tiempo y de probada eficacia en el manejo del garrochón- después de rejonear sufrió también un derribo muy aparatoso**.
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*La Lidia, 1 de junio de 1883.

** Cantillana, recordemos, fue muy elogiado en su tiempo por ingenios como Vicente Espinel, Quevedo, Gabriel Bocángel y Luis Vélez de Guevara. Todos estudiados por José María de Cossío en Los toros en la poesía castellana, 1931

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