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CONJUROS CONTRA LA LANGOSTA


En 1620 hubo una gran plaga de langosta en Jaén. Decidió el Concejo llamar a un clérigo de Mula para que la conjurase. Era el licenciado Ascanio Talento considerado "un sacerdote de gran opinión, de letras y experimentado que con exorcismos ahuyenta la langosta". Mandaron a buscarlo y lo trajeron a Jaén. Si remoloneó o fue diligente para el viaje es algo que no consta en los archivos. Se presentó, al fin, Talento al Cabildo municipal para que los regidores pudieran preguntarle sobre sus métodos ya que no era conveniente hacer las cosas a la ligera. Era, culto lector, el XVII español. Las rentas concejiles a dos velas y la Dama de la Vela Verde, es decir, el Santo Oficio que hilaba muy fino en estos asuntos, si perder detalle. A ver si iban a acabar todos, así por las buenas, penitenciados y con un capirote en la cabeza. Al fin, tranquilizó el Licenciado a los caballeros veinticuatro pues afirmó que sólo recurría a oraciones, misas votivas y rogativas antes de salir al campo a conjurar la plaga, que no tuviesen cuidado pues nada había de ceremoniales raros ni extravagancias en su ministerio. Aseguraba, además, "que en los lugares do ha sido llamado mediante los dichos exorcismos retrocede de los frutos de la tierra continiendose en las dehesas y baldíos sin hacer daños y así confía en Nuestro Señor sucederá en esta tierra". Algún escéptico preguntó si langosta se moría o no, a lo que Talento dijo sin comprometerse nada: "esto, como todo, está en la voluntad de Dios cuando es servido consumirla". Ante esta respuesta, la verdad sea dicha, había que callarse. El licenciado Talento no ejercía gratis sus artes conjuratorias pues cobró sus honorarios. El mayordomo de propios que librar doscientas doblas de oro que fueron como doscientas puñaladas para la hacienda local.

Juan Antonio López Cordero y Ángel Aponte Marín: Un terror sobre Jaén. Las plagas de langosta. XVI-XX, Jaén 1993

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