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SAN ISIDRO LABRADOR Y LOS ACHAQUES DE FELIPE III

Volvía Felipe III de un viaje a Portugal, en el verano de 1619, cuando sufrió unas calenturas cerca de Casarrubios, en tierras de Toledo. Las fiebres arreciaron y muchos pensaron que el Rey entregaba el alma. Se difundió la noticia por España y todos vivían entre desasosiegos y rogativas. Puedo referir el caso de Jaén, donde el obispo Moscoso Sandoval tenía informados, dentro de la premura posible en el siglo XVII, al Cabildo municipal. Y de igual manera, con mayor o menor detalle, en el resto de la Monarquía. Para que el Rey recuperase la salud, mandaron llevar el cuerpo de san Isidro a Casarrubios. Decisión sensata, muy española y muy a lo barroco pues, ya antes de su subida a los altares, el santo tenía fama de arreglar desastres en el campo y espantar contagios con la eficacia propia del labriego que ahuyenta bandos de grajillas de los sembrados. Y así fue, el rey más poderoso y más indolente de la Cristiandad rezó y se arrepintió de sus muchos pecados ante los pobres restos de un labrador medieval. Mejoró Don Felipe y, como es natural, se atribuyó a la intercesión del que todavía no era santo. El cuatro de diciembre pudo continuar su viaje a Madrid, donde ya se habían mandado poner luminarias para expresar la alegría del restablecimiento del Rey.

Comentarios

  1. Esta costumbre de rodearse de reliquias ante la enfermedad, o en el postrer momento, y obtener la curación del cuerpo o la salvación del alma, según el caso, además de muy barroca como usted indica, ha sido frecuente hasta en tiempos muy recientes.
    Saludos.

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    1. Desde luego. Las estampas permitieron (y democratizaron) esta práctica piadosa. Recuerde usted que algunas incluían una pequeña reliquia.
      Mil gracias, amigo DLT.

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  2. Un buen punto se ganó el santo labrador para que se le elevase a los altares. No todos los días se intercede por un rey y sana de la noche a la mañana.
    Un saludo

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    1. Así es. Si el Rey recurría a su amparo, la difusión de su devoción estaba asegurada.

      Muchas gracias, doña Carmen.

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