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CABRERA EN LONDRES



Galdós en La campaña del Maestrazgo lo describe entre riscos y barranqueras. Azorín también lo evoca, en su "bregar afanoso y valeroso", en dicha comarca, alerta en un paisaje "áspero, luminoso, entre tomillos, cantuesos y espliegos". Desasosegado. Tramando acciones y golpes de mano, admirador de Napoleón, dado a crueldades, cortesías y actos generosos. Insensible o muy hecho al dolor ajeno y al propio, mandaba fusilar a los prisioneros sin reparo alguno. Tuvo mucho del carácter excesivo de los románticos y conoció el infierno, no a través de juegos literarios en gabinetes sino por la terrible y aleccionadora experiencia de la guerra y nada menos que en El Maestrazgo. Defensor de la Tradición y legitimista, tenía en poco las antiguas jerarquías estamentales, católico y pecador, no parecía dado a las triduos y novenas. Cuando acabó la guerra se exilió no en Austria o en Rusia sino en Inglaterra y casó bien, con Marianne Catherine Richards, una inglesa de buena casa. Vivía en Wentworth cerca de Londres. Allí fue a verle, en 1869, Carlos VII para que se sumase a la insurrección que ya tenían planeada y en ciernes. El rey carlista, de incógnito, se alojaba en Charing Cross, cerca del Strand. Cuentan que Cabrera fue áspero, expeditivo y honrado con Don Carlos: "siempre le dije que mientras no tuviese Vuestra Alteza a su lado hombres instruidos, honrados y que inspirasen confianza al partido no podría hacer nada" y con claridad le dijo "no cuente Vuestra Alteza conmigo, aunque me restablezca, mientras nuestros asuntos lleven la marcha de hoy". Conocía Cabrera las sempiternas y eternas querellas dentro del carlismo. También podía hablar como nadie de lo que son las guerras civiles y creo yo que los muertos pesarían mucho en su conciencia. Éstas son cosas  de las que saben, mejor que nadie, los militares. Y desde luego con más autoridad y conocimiento que los reyes y los políticos. Mucho le reprocharon, los que se mantenían fieles a la Causa, su decisión. No tenían razón. Cuando se ha vivido y se ha servido como lo hizo Ramón Cabrera se tiene licencia para eso y para mucho más. También le pidieron cuentas por reconocer por rey a Alfonso XII, que le visitó en Londres, y dar por bueno al régimen de la Restauración. Es posible que, cansado y dolido, viese en la vida inglesa, en su monarquía parlamentaria y sus libertades, virtudes y ventajas difíciles de discutir. Bien distinto era todo.
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* El retrato de Cabrera procede de aquí

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