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SAN ANTÓN, LA CENTELLA Y LA MONTERA


El 17 de enero es el día de san Antonio Abad, seguro y muy eficiente protector contra incendios, rayos y centellas. Blas Antonio de Ceballos escribió un memorable libro sobre este santo, publicado en 1685, titulado Flores del yermo, pasmo de Egypto, asombro del mundo, sol del occidente, portento de la gracia, vida y milagros del grande San Antonio Abad. En esta obra se mencionan muchos milagros y portentos atribuidos al Santo. Como el que tuvo lugar el 16 de abril de 1684 en Alfaro, cuando hubo “una tempestad tan furiosa de agua, truenos y relámpagos, que parecía, que el Cielo se venía abajo”. Ante el temporal, el comendador de la Casa de San Antonio de Alfaro mandó a un criado al campanario para que tocase a nublado. En esto estaba éste cuando vio que del cielo partía una centella que iba directa hacia él. Le dio tiempo para encomendarse a San Antón -que también se le conoce con este nombre- por lo que salvó la vida aunque la centella derribó el campanario “y al dicho Juan de Abalo [el criado] le quitó una montera que tenía puesta en la cabeza, y lo arrastró, como cosa de ocho pasos”. La centella bajó por la torre, hizo un surco muy profundo “como de arado” en la pared maestra “y anduvo por arriba, y por abaxo del Templo, haciendo un temeroso ruido”. Exhalaba “un humo tan denso, y hediondo” que nadie podía entrar en el edificio.  Había en ese momento varias personas rezando en la capilla que atribuyeron su salvación a la intercesión del Santo. Sus nombres eran María Laureos, Catalina Milán y Manuela de las Heras que tenía en brazos un niño de año y medio. También estaba allí un estudiante llamado José Álvarez.




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LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

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CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



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