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CARNAVAL Y POLÍTICA EN EL MADRID DE 1637

Imaginamos a los españoles de la época de los Austrias callados, reconcentrados y temerosos de expresar sus opiniones y críticas sobre las más diversas cuestiones. No era, desde luego, un mundo en el que se reconociese la libertad de expresión y de opinión pero, a pesar de limitaciones y cautelas, la España del siglo XVII hablaba y discutía de política y religión en papeles, corrillos, púlpitos y consejos. El martes de carnaval de 1637 hubo mojiganga y  cuadrillas en las que, según los memorialistas de la época, "trayan todos sus máscaras encubriendo con ellas su borrachera". Los escribanos formaban una que llevaba un letrero que decía: "Todos los de esta cuadrilla / Son los gatos de esta villa". Es conocida la mala fama que acompañaba a los escribanos y gato es el nombre que, en los siglos XVI y XVII, se daba a los ladrones. No deja de provocar admiración que, bajo el ojo vigilante del Santo Oficio, deambulasen zascandiles vestidos de clérigos. En la mencionada mojiganga desfilaron un individuo con hábito y bonetes de teatino, varios vestidos de cardenales, repartiendo absoluciones con no poca desvergüenza y -esto produce estupefacción- un carro con "una cama de campo con un borrico en ella asistido de frailes que le ayudaban a morir y de médicos que mirando la orina la bebían, porque era vino, y brindaban a los frailes que hacía la razón". Un grupo de personajes disfrazados de caballeros de órdenes militares llevaban un letrero que decía "Éstas se venden", refiriéndose a las frecuentes y discutidas concesiones de hábitos a cambio de dinero o favores. Las críticas a la Real Hacienda está representada por un participante que, "vestido de pieles de carnero, el pelo adentro", llevaba un letrero que decía "Sisas, alcabalas y papel sellado/ Me tienen desollado". Las sisas encarecían los productos de primera necesidad para financiar los servicios de millones y las alcabalas gravaban las compras y las ventas. Además, desde enero de 1637, la obligatoriedad de utilizar papel sellado para escrituras y otros documentos oficiales levantó fuertes polémicas y, al parecer, la Corona no estaba para tolerar bromas ante esta nueva fuente de recursos, así, en unos avisos*, se menciona a un hombre que se hizo un traje de papel sellado  "y no se atrevió a salir...por parecer demasiado".

*Editados por A. Rodríguez Villa, La Corte y la Monarquía de España, en los años de 1636 y 1637, II, 1886.


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