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LOBOS, CHOZOS Y CORRALES

El universo de pastores y serreños está repleto de matices, usos y detalles perdidos en el tiempo. Éstos dan fe de un mundo extinguido o del que apenas quedan algunas reliquias, arcaísmos que, azarosamente, han sobrevivido. Corrales, chozos y tinados erigidos en el monte son un buen exponente de lo anterior. Las ordenanzas municipales de Baños de la Encina en 1742* autorizaban la construcción de corrales de monte "no haviendo en la Sierra Morena otras defensas para defender los ganados menores de la imbasion de los lobos que continuamente los persiguen, y espezialmente en el tiempo de parideras". Se construían con "lentiscos, jaras, juagarzos, estepas, labiernagos, madroños". No debía de ser tarea ligera enfrentarse a los lobos, en corto y por derecho, con barreras tan modestas. De tales tragos proceden los romances de lobas pardas y perros valerosos, protegidos con hierros o carlancas. Para conservar el extenso patrimonio forestal del Concejo de Baños las Ordenanzas, con toda sensatez, ordenaban que la madera de los chaparros se cortase dejando "olivados y apostados los pies más principales de ellas". Olivar era una labor consistente en podar las ramas bajas de una mata -o "matocada" como dicen las citadas Ordenanzas- de encina o coscoja para que ésta adquiriese un porte arbóreo y una buena copa. También se daba licencia para labrar horcones de la misma madera para erigir chozos y tinados "para el recojimiento y albergue de los ganaderos y ganados".

*Tomo la cita de las Ordenanzas municipales de Baños de la Encina, estudiadas por Araque  y Gallego Simón. Fechadas en 1742.

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