Ir al contenido principal

MADRASTRAS, CRIADAS Y ENVENENADORAS

El miedo a las envenenadoras se nutría de hechos reales, rumores, supersticiones e infundios. Era un sentimiento probablemente atávico, muy arraigado en las mentalidades de ayer y no carente de una carga misógina. Puedo citar un caso, del desgraciado año de 1640, recogido en protocolos notariales giennenses. Nos da noticia de una mujer llamada Leonor González, presa en la Cárcel Real de Jaén por "la muerte de doña Francisca de Mondragón procedida de un bebediço". El envenenamiento -si se produjo- pudo ser ocasionado con la peor de las intenciones o involuntariamente, como consecuencia de algún remedio -de inciertos ingredientes- para atajar dolencias del cuerpo o del espíritu, combatir el mal de ojo u otro tipo de achaque. Los procesos contra brujas y hechiceras, llevados a cabo por tribunales eclesiásticos y, en particular, por el Santo Oficio, recogían la existencia de brebajes, filtros, polvos y otras mixturas de presuntas virtudes medicinales o mágicas. En el XIX, el espanto ante las envenenadoras se mantiene vivo a través de los pliegos de cordel. No dejaré de mencionar el largo título de uno que debió de apasionar a la gente isabelina y sobrecoger a muchos en calles y plazuelas:  La criada perversa. Triste y lamentable historia que acaeció á un caballero natural de Motril  en 28 de mayo de 1861, con una moza de servicio con la que se casó, y que por ambición dió veneno a un niño que tenia el caballero, modo milagroso por el cual se descubrió tan enorme crimen y castigo qué se impuso á tan villana muger* . Aquí la envenenadora aunaba su condición de madrastra y de criada convertida en señorona. De la mala reputación de las madrastras dan cumplida cuenta los cuentos e historias. Las criadas eran también objeto de la desconfianza general, sospechosas de todo tipo de deslealtades y maquinaciones. No faltan, al respecto, numerosas referencias en la literatura española del Siglo de Oro. Si, a estos rasgos se unía un casamiento desigual, el perfil resultante era de lo más desaconsejable.

*Imprenta de F. Sánchez, Barcelona, 1861.

Entradas populares de este blog

LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

PROTESTANTES DE EL CENTENILLO

Los ingleses explotaban las minas de plomo de El Centenillo, a pocos kilómetros de La Carolina, ya en Sierra Morena. Allí estaba instalados los Haselden, una familia inglesa, que corrió aventuras y trabajos en el pueblo y la comarca. Entre sus componentes podemos recordar a Arthur Haselden. Don Arturo, conocido así por el paisanaje, fue secuestrado en 1874 por unos facinerosos que obtuvieron un cuantioso rescate de 5.800 libras. En esos tiempos, Andalucía podía ser un lugar peligroso. Su hija, Mary Ethel Haselden, llamada por los del pueblo "doña Eze", según leo en Luis García Sanchez-Berbel, hacía proselitismo protestante entre los mineros, acompañada por una criada española llamada Flora y previamente catequizada. Llegó a existir en el poblado una iglesia de esta obediencia. Allí, los ingenieros ingleses y algunos mineros convertidos cantarían los domingos sus himnos como si estuviesen en Gales o en el Yorkshire. Entre los neófitos destacó un vecino llamado Raimundo Parril…

CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



Cuando el Imperio Romano de Occidente se hundió, en el siglo V, sólo permaneció, en palabras de FW Walbank en su obra La pavorosa revolución, lo que estaba arraigado en la tierra: el cultivo de la viña, las antiguas fronteras, las murallas de las ciudades y los edificios. Yo añadiría que también los cortijos. Fueron los parientes pobres de los monasterios y de los ca…