Ir al contenido principal

TAUROMAQUIA FIN DE SIGLO EN SAN SEBASTIÁN

Días de esplendor y toros en San Sebastián. Según La Época del 18 de agosto de 1892, con motivo de las ferias y durante dos días, llegaron a la ciudad más de 15.000 forasteros. Los trenes desde Tolosa iban completos y en el Hotel de Londres se sirvieron más de 800 almuerzos extraordinarios. Animación absoluta. Fueron muy numerosos los visitantes franceses, más incluso que en otros años. En algunas corridas la fuerza pública detuvo a varios asistentes por lanzar botellas al ruedo. Es evidente que no eran aficionados sino espectadores incívicos. Un detalle fin de siglo: la duquesa de Rochefoucauld llegó desde París para asistir a los festejos taurinos. 

Comentarios

  1. San Sebastián era entonces la ciudad de veraneo por antonomasia de la "gente bien" de Madrid. Allí se daba cita la creme de la creme de la alta sociedad del momento. Tenían mejor gusto que los de ahora, sin duda.
    Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Veraneo. Palabra casi tan perdida como aquel San Sebastián. Tiene usted toda la razón, doña Carmen.

      Eliminar
  2. ahora no hay ni toros saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y bien que lo lamenta la afición. Tampoco van ya por ahí ni la Realeza ni la Corte.
      Saludos a usted también.

      Eliminar
  3. Eran los toros entonces el verdadero espectáculo de masas.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y lo sigue siendo, amigo DLT, según parece. Y a pesar de tantos obstáculos.

      Saludos.

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

PROTESTANTES DE EL CENTENILLO

Los ingleses explotaban las minas de plomo de El Centenillo, a pocos kilómetros de La Carolina, ya en Sierra Morena. Allí estaba instalados los Haselden, una familia inglesa, que corrió aventuras y trabajos en el pueblo y la comarca. Entre sus componentes podemos recordar a Arthur Haselden. Don Arturo, conocido así por el paisanaje, fue secuestrado en 1874 por unos facinerosos que obtuvieron un cuantioso rescate de 5.800 libras. En esos tiempos, Andalucía podía ser un lugar peligroso. Su hija, Mary Ethel Haselden, llamada por los del pueblo "doña Eze", según leo en Luis García Sanchez-Berbel, hacía proselitismo protestante entre los mineros, acompañada por una criada española llamada Flora y previamente catequizada. Llegó a existir en el poblado una iglesia de esta obediencia. Allí, los ingenieros ingleses y algunos mineros convertidos cantarían los domingos sus himnos como si estuviesen en Gales o en el Yorkshire. Entre los neófitos destacó un vecino llamado Raimundo Parril…

CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



Cuando el Imperio Romano de Occidente se hundió, en el siglo V, sólo permaneció, en palabras de FW Walbank en su obra La pavorosa revolución, lo que estaba arraigado en la tierra: el cultivo de la viña, las antiguas fronteras, las murallas de las ciudades y los edificios. Yo añadiría que también los cortijos. Fueron los parientes pobres de los monasterios y de los ca…