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CAZADORES, PODADORES Y BUSCADORES DE PANALES





Lo muy antiguo ha perdurado en España hasta hace poco tiempo. La obra de Moreno Castelló, en su estilo sencillo, de indiscutible amenidad, aporta valiosos datos sobre el campo y la gente de hace más de cien años en tierras de Jaén. En sus recuerdos, que se remontaban al reinado de Isabel II y a los primeros años de la Restauración, menciona a un personaje que vivía en una choza  cerca de Los Villares, en la Sierra de Jaén. Venía este hombre de familia de cazadores de oficio, es decir, de gente dedicada a cazar no por afición sino para vivir. Era un gran tirador. Fue además un reputado podador de olivos, destacando en el manejo del hacha incluso fuera de su pueblo. En la misma obra, páginas más adelante, se cita a otro cazador que contaba, además, con una prodigiosa habilidad en la poda de chopos y álamos. Para comenzar su faena, se encaramaba a la copa del primero y, desde ahí gracias al balanceo del tronco, pasaba de uno a otro, hasta acabar con el último. Sin tocar el suelo, a veces con saltos de dos o tres varas y a unos quince metros de altura "con la envidiable agilidad de un mono". Sería cosa admirable de ver. Otros vecinos recolectaban miel en los enjambres silvestres existentes en las paredes, cortadas a pico, de serrajones y riscales. Se descolgaban, no sin cierta audacia, por precipicios de muchos metros con riesgo de descalabrarse e incluso de perder la vida. Aquellas personas que conozcan dichos pagos pueden dar fe de lo arriesgado que debían de ser tales operaciones. Dos hombres, arriba, sujetaban la cuerda, y otro desde el suelo balanceaba al apicultor que, gracias a un movimiento pendular, entraba en los abrigos de roca para extraer la miel. Debía de ser una técnica de origen inmemorial como tantas conservadas todavía en el siglo XIX.

José Moreno Castelló, Mi cuarto a espadas, sobre asuntos de caza. Apuntes, recuerdos y narraciones de un aficionado. Jaén 1898.

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