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DE LA DEVOCIÓN A SAN MARCOS



A partir de San Marcos abandonaban los pastores los pastizales de invierno para subir, en su anual trasiego, a las serranías. Se dejaban atrás las navas de Sierra Morena con la vista puesta, más allá de Despeñaperros, en los agostaderos de las tierras de Albarracín, Molina de Aragón y Sigüenza. Por estas fechas ya celebraban los romanos las honras debidas a Pales, diosa de los rebaños y de los apriscos. Ovidio le concedió un reverente lugar en sus Fastos. Lo romano y lo cristiano definen la naturaleza de buena parte de nuestros días sagrados. Viene, por tanto, de antiguo que San Marcos sea  fiesta principal en muchos pueblos y que la devoción quedase bien probada con procesiones, festejos taurómacos y otros regocijos. También se rezaban letanías mayores en procesiones generales para pedir lluvias y buenas cosechas. Algunos concejos, para salir de graves apuros, ofrecieron solemnes votos a san Marcos. En 1449, en Bedmar, un pueblo de Jaén, los vecinos se obligaron, durante el citado día, a comer sólo una vez y a no encender lumbre y a no amamantar a las criaturas hasta después de la misa mayor. Tampoco se podía alimentar a los animales. El voto imponía las mismas obligaciones a aquellos viajeros que pasaran por el pueblo. Motivo suficiente para dar un rodeo o cambiar el itinerario previsto y recorrer unas leguas más. No debía de ser infrecuente este tipo de promesas pues las Constituciones Sinodales del Obispado de Jaén, en 1624,  recogían su existencia y las desaprobaban con absoluta claridad.

El dato de 1449 en: Troyano Biedma, J.M., Bedmar, 1985.


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