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POBRES, PÍCAROS Y JUROS



Es sabido que muchos pobres recurrían a la picaresca para sobrevivir. Pérez de Herrera en su Amparo de pobres, advertía de la astucia de los pedigüeños. En El lego del Carmen, de Agustín Moreto, aparece un personaje que muestra algunas técnicas para ejercer, con razonable eficacia, la mendicidad. Lo primero, decía, era pedir con un "tonillo" adecuado pues "eso lastimará  a quien llega a oíllo". Lo suyo era hacerlo en falsete o contralto "que este es de los ochavos el asalto". No venía nada mal hacerse unas úlceras en la pierna con algunas hierbas apropiadas para tal uso, universal e infalible recurso para que cayesen, decía el pícaro, "mas cuartos que en taberna". Afirmaba, además, el muy ladino: "¿Pues hay renta más fija que dos llagas? / Pobre hay que no las diera si son finas / por un juro/ aunque sea de salinas". Tampoco sería para tanto,  la pobreza era pavorosa y por muchas argucias que pusieran los mendigos en juego difícilmente obtendrían ganancias de consideración. Unos cuartos para ir tirando por pueblos y caminos flanqueados por malas palabras, fríos y desasosiegos.

Los juros mencionados por el pobrete constituían una inversión muy frecuente en la España de los Austrias. A cambio de un préstamo realizado a la Real Hacienda, ésta se comprometía a pagar unos réditos procedentes de determinadas rentas reales. Fueron una fuente de ingresos muy apreciada aunque en el siglo XVII, la quiebra de las finanzas reales condujo a reducciones, quitas y atrasos en los pagos con gran contrariedad para los propietarios de dichos títulos.

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LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

PROTESTANTES DE EL CENTENILLO

Los ingleses explotaban las minas de plomo de El Centenillo, a pocos kilómetros de La Carolina, ya en Sierra Morena. Allí estaba instalados los Haselden, una familia inglesa, que corrió aventuras y trabajos en el pueblo y la comarca. Entre sus componentes podemos recordar a Arthur Haselden. Don Arturo, conocido así por el paisanaje, fue secuestrado en 1874 por unos facinerosos que obtuvieron un cuantioso rescate de 5.800 libras. En esos tiempos, Andalucía podía ser un lugar peligroso. Su hija, Mary Ethel Haselden, llamada por los del pueblo "doña Eze", según leo en Luis García Sanchez-Berbel, hacía proselitismo protestante entre los mineros, acompañada por una criada española llamada Flora y previamente catequizada. Llegó a existir en el poblado una iglesia de esta obediencia. Allí, los ingenieros ingleses y algunos mineros convertidos cantarían los domingos sus himnos como si estuviesen en Gales o en el Yorkshire. Entre los neófitos destacó un vecino llamado Raimundo Parril…

CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



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