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DOMINGUILLOS, MARTINILLOS Y MARTINETES




El diario La Época del día 26 de junio de 1900 informaba: "Jaén.- En Úbeda ocurren cosas muy extrañas en una casa de aquel pueblo que tienen atemorizada a la gente crédula y supersticiosa. Asegúrase que en la referida casa hay misteriosas apariciones, que los objetos andan solos y que manos invisibles rompen los cacharros, revuelven las camas, trastornan los muebles, tiran piedras y reparten palos y bofetadas." La curiosidad era más poderosa que el espanto pues, como consta en la noticia, "mucha gente va a la casa del miedo , que es como se llama haciendo los más absurdos comentarios". Dentro de la.mentalidad popular estos sucesos se atribuían no sólo a fantasmas, o almas en pena, sino a las travesuras de los duendes, llamados en tierras de Jaén dominguillos, martinillos y martinetes. Algunas familias, hartas de sus fechorías, se mudaban de casa. No era siempre la solución pues los duendes -fieles o pertinaces, según se mire- no dudaban en seguirlas a sus nuevas residencias llevando, incluso, algún objeto olvidado del ajuar doméstico como cucharones o cazuelas.

Sobre  martinillos y similares: Aponte Marín, A., y López Cordero, J.A., El miedo en Jaén, Jaén 2000.

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LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

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Los ingleses explotaban las minas de plomo de El Centenillo, a pocos kilómetros de La Carolina, ya en Sierra Morena. Allí estaba instalados los Haselden, una familia inglesa, que corrió aventuras y trabajos en el pueblo y la comarca. Entre sus componentes podemos recordar a Arthur Haselden. Don Arturo, conocido así por el paisanaje, fue secuestrado en 1874 por unos facinerosos que obtuvieron un cuantioso rescate de 5.800 libras. En esos tiempos, Andalucía podía ser un lugar peligroso. Su hija, Mary Ethel Haselden, llamada por los del pueblo "doña Eze", según leo en Luis García Sanchez-Berbel, hacía proselitismo protestante entre los mineros, acompañada por una criada española llamada Flora y previamente catequizada. Llegó a existir en el poblado una iglesia de esta obediencia. Allí, los ingenieros ingleses y algunos mineros convertidos cantarían los domingos sus himnos como si estuviesen en Gales o en el Yorkshire. Entre los neófitos destacó un vecino llamado Raimundo Parril…

CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



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