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LOBEROS



Estos alimañeros cazaban lobos y capturaban camadas de lobeznos. Después los mostraban por cortijadas, caserías y casas de ganaderos para recibir alguna que otra recompensa. Al final, los llevaban a los ayuntamientos y recibían la correspondiente gratificación. Moreno Castelló hace constar que, en el último cuarto del XIX, se pagaban en tierras de Jaén unos diez reales por cada lobo abatido. Una vez librado el dinero, se cortaba una oreja del animal para evitar que se volviese a presentar como recién cazado. Se encuentran muchos datos, al respecto, en los archivos de Jaén. Cuando los lobos campaban por los montes concejiles, villas y lugares de sierra.  Matabegid, La Pandera, Valdepeñas y Los Villares aparecen citados con especial frecuencia. Precisamente Moreno Castelló menciona este último pueblo, Los Villares, donde vivía, un hombre dedicado a cazar lobos. Detectaba sus guaridas por el olor y por los pelos que los animales dejaban.

Para capturar los lobeznos, en ocasiones, tenía que reptar por agujeros profundos y oscuros sin saber muy bien lo que podía encontrar dentro. Darse de bruces con una loba era causa de muerte segura. En una ocasión, tras conseguir cuatro o cinco lobillos de esta forma, y de vuelta al aire libre, se atascó de tal manera que no podía seguir adelante. El trance fue pavoroso pues escuchó aullar a la loba que se acercaba y "vio la sombra que proyectaba  su cuerpo a la entrada del túnel". Oía hasta "castañetear los dientes de la fiera". Dos horas estuvo la loba esperando afuera,  dando bandazos y resoplando, pues tampoco se decidía a entrar a por el cazador. Al final éste, encomendándose a Dios, consiguió salir y montar la escopeta. Se encaró con la loba que, amedrentada, se fue retirando hacia atrás, con unos gruñidos que daban espanto, para huir después.

Causó admiración, entre todo el vecindario, el lance pero nuestro personaje pasó tanto miedo que quedó maltrecho, afectado por un mal tonto, como decían en esa época. Ganado por la tristeza, perdió el  hombre las ganas de vivir y de salir al monte. A los dos meses se murió.

Comentarios

  1. Los lobos fueorn un serio problema en nuestro país en los ambientes rurales. Causa de pérdidas de ganados y pesadilla de los lugareños...de hecho creo que el miedo perduró hasta que un tal Rodríguez de la Fuente enseñó a los españoles el lado más amable de estos animales.

    Un saludo

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  2. Dicen quienes los han visto, que los lobos que quedan en las montañas leonesas se imponen con tal nobleza que dan miedo. Seguramente miedo tonto, pero miedo profundo, desde luego. Tan profundo que debe venir del Paleolítico y la Glaciación. Muchas gracias por esta entrada, Sr. Retablo.

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  3. Buenos días, Retablo.

    Me ha resultado muy curioso este 'modus vivendi' de los cazalobos, sobre todo el detalle de la oreja. Más de uno se debió de aprovechar de la inocencia de la gente para cobrar por duplicado o por triplicado.

    Sobre el caso particular de este hombre, nunca está mejor aplicado la idea del susto de muerte.

    Un saludo.

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  4. No me extraña que perdiera el hombre las ganas de salir solo por el campo. Menudo trauma encontrarse cara a cara con la muerte y salir vivo de ello, aunque

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  5. No sé qué pasó. Quise concluir diciendo...aunque la muerte parece que no le perdonó y vino a buscarle de nuevo.
    Un saludo y mis disculpas.

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  6. Ya tuvo su precedente en san Francisco de Asís, en el Hermano Lobo. No lo verían así los rabadanes y labradores del 1680.

    Saludos y muchas gracias, Carolus Rex.

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  7. La relación con el lobo es ancestral, como bien indica usted, doña Carmen. No es casual su aparición en los cuentos de hadas, en todo tipo de romances y narraciones populares. Bien está su conservación pero también hay ponerse en la piel de los caminantes y pastores de siglos atrás.

    El que queda agradecido soy yo por su ilustrado y valioso comentario.

    Mis saludos.

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  8. Otros, Anónimo Castellano, iban con una piel curtida de lobo, pidiendo limosnas por los pueblos. En algún papel antiguo, que no tengo localizado ahora, leí un caso en el que el pellejo de lobo presentado olía ya fatal, por mal curtido, y que al lobero, falso o verdadero, lo dijeron que se largase en buena hora. Por otra parte, lo de morirse de miedo es perfectamente aplicable, desde luego, al personaje citado.

    Quedo muy agradecido por su escrito.

    Mis saludos.

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  9. Imagínese usted la situación, amigo Cayetano, en las soledades de la sierra, oyendo bramar a la loba. Sin duda no era asunto de broma. Le entraría una tristeza, a nuestro alimañero, que no pudo superar.

    Reciba usted mis saludos y muchas gracias.

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  10. Pues aún quedan algunos por aquí... Al final de una ruta de senderismo, volviendo ya par los coches, pasamos por un pueblecito, una aldeita realmente, al que llegaba un coche ocupado por cuatro hombres muy ufanos que llevaban en el capó el cuerpo de un lobo abatido. Paraban en la taberna para enseñar su hazaña. No pude evitar mirarlos con profundo desprecio. Mirada, todo hay que decirlo, ante la que se mostraron totalmente indiferentes.
    Un saludo,

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  11. Creo que Rodriguez de la Fuente nos enseñò la parte tierna de los lobos.

    un abrazo

    fus

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  12. En la Villa y Tierra de Béjar se hacían batidas de lobos de manera periódica y no era infrecuente que se aprobasen de vez en cuando en sesión del consistorio por motivos obvios: atacaban al ganado lanar y bovino que campaba por los montes.
    Un saludo

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  13. Hoy con una especie en peligro o muy disminuida en número se le protege, pero en la vida antigua, mucho mas abundantes en número y depredadores del ganado, no es de extrañar que se intentara abatirlos. Ahora que en algunas sierras empiezan a repoblarse de lobos, ya se han dado casos de ataques al ganado y se sienten revivir voces para que eso no suceda.
    Arriesgado oficio, como demuestra su artículo, el de aquellos loberos.
    Un saludo.

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  14. Rodríguez de la Fuente hizo mucho para que la gente valorase, debidamente, el patrimonio natural de España. Marcó una época.

    Muchas gracias por su escrito,Fus, y reciba mis más cordiales saludos.

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  15. Desde luego es para indignarse, doña Carmen, lo del lobo. No quedan muchos en España y debería caer el peso de la Ley sobre tales furtivos.

    Muchas gracias por su valiosa aportación, y reciba mis saludos.

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  16. Helaría la sangre el aullido de los lobos de Béjar, doña Carmen. Entre esas nieves y tales montes.

    Muchas gracias por su siempre oportuno comentario.

    Mis saludos.

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  17. En aquella época, y hasta no hace demasiado tiempo, la naturaleza se concebía como el medio hostil por definición. En el caso de los lobos esta consideración era más que manifiesta.

    Quedo agradecido por su escrito, señor de la Terraza. Reciba mis saludos.

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