Ir al contenido principal

BARBOS

Son peces de aguas mansas, difíciles de pescar por la enojosa desconfianza que muestran ante los cebos. Tienen a veces un tono amarillento. Poderosos cuando resisten al tirón del sedal, pueden vivir, sin mayores problemas en estanques, tablas y albercas. Cuando son viejos nadan con lentitud y solemnidad, indiferentes al mundo desde sus modestas querencias. Son poco apreciados en las artes culinarias. No siempre fue así. Tiempos hubo en que los humildes barbos eran servidos en mesas reales y principescas. Francisco Martínez Montiño, cocinero en la corte de Felipe III, los incluía en la relación de platos adecuados para el mes de mayo. Debían, en su autorizada opinión, prepararse fritos, con tocino y picatostes. Por cierto, en Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, se habla de una huéspeda, de muy mala catadura, que "quedó toda enharinada, como barbo para frito". Luis Cabrera de Córdoba afirmaba que el duque de Mayenne,  embajador extraordinario del Rey de Francia en la Corte de Felipe II,  recibía- para los días de vigilia- cien libras de barbos. Llegarían a las casas principales de dicho personaje en grandes canastas. En esas jornadas las cocinas del señor de Mayenne olerían a ovas y saltarían las escamas entre juramentos de pícaro.

Comentarios

  1. Leí en un ocasión una reseña sobre una obra de Shakespeare en la que se denominaba al autor como "el Gran Barbo", jajaja. Cosas veredes, Sancho,...
    Saludos, caballero!

    ResponderEliminar
  2. De los peces de aguas dulces quien se lleva la palma es la trucha. Debe ser que la carne del barbo es menos apreciada. He oído no obstante que a pesar de no ser un pez con fuerte demanda tiene tendencia a desaparecer. De hecho está disminuyendo su número en buena parte en los cursos medios de los ríos, por ejemplo del Ebro. Dicen que parte de la culpa la tiene la introducción del siluro, una especia exótica foránea.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  3. Nunca he probado este manjar para saber si lo es o pudo ser despreciado por su carne demasiado espinosa o ruda. En todo caso debían de comerlo nada más pescarlo, pues hemos de tener en cuanta que no existían los congeladores y que si acaso eran transportados los pescados en cestos repletos de nieve o hielo de la sierra madrileña.
    Un saludo

    ResponderEliminar
  4. Es una curiosa manera de referirse a Shakespeare. Un barbo muy ilustre, sin duda, y de los tiempos referidos en mi entrada.

    Mis más cordiales saludos, doña Carmen.

    ResponderEliminar
  5. No tiene la calidad de truchas y salmones, es evidente. Respecto a su
    delicada situación, es la primera noticia que tengo. Desde luego, la introducción de especies foráneas como los cangrejos americanos, el black bass, la perca sol, etc., es funesta.

    Reciba usted, amigo Cayetano, mis saludos.

    ResponderEliminar
  6. Su apreciación es muy certera, doña Carmen. El pescado más vendido era el bacalao o abadejo salado. Las truchas necesitan aguas más oxigenadas que las existentes en muchos ríos cercanos a las ciudades y villas.

    Saludos y perdone lo tardío de mi respuesta.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

PROTESTANTES DE EL CENTENILLO

Los ingleses explotaban las minas de plomo de El Centenillo, a pocos kilómetros de La Carolina, ya en Sierra Morena. Allí estaba instalados los Haselden, una familia inglesa, que corrió aventuras y trabajos en el pueblo y la comarca. Entre sus componentes podemos recordar a Arthur Haselden. Don Arturo, conocido así por el paisanaje, fue secuestrado en 1874 por unos facinerosos que obtuvieron un cuantioso rescate de 5.800 libras. En esos tiempos, Andalucía podía ser un lugar peligroso. Su hija, Mary Ethel Haselden, llamada por los del pueblo "doña Eze", según leo en Luis García Sanchez-Berbel, hacía proselitismo protestante entre los mineros, acompañada por una criada española llamada Flora y previamente catequizada. Llegó a existir en el poblado una iglesia de esta obediencia. Allí, los ingenieros ingleses y algunos mineros convertidos cantarían los domingos sus himnos como si estuviesen en Gales o en el Yorkshire. Entre los neófitos destacó un vecino llamado Raimundo Parril…

CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



Cuando el Imperio Romano de Occidente se hundió, en el siglo V, sólo permaneció, en palabras de FW Walbank en su obra La pavorosa revolución, lo que estaba arraigado en la tierra: el cultivo de la viña, las antiguas fronteras, las murallas de las ciudades y los edificios. Yo añadiría que también los cortijos. Fueron los parientes pobres de los monasterios y de los ca…