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PACÍFICA GENTE ANTIGUA



Steven Pinker en su obra Los ángeles que llevamos dentro. El declive de la violencia y sus implicaciones (2012) niega que en el pasado la vida fuese más pacífica que ahora. Sostiene, en cambio, que en siglos pasados había entre cuatro y diez veces más posibilidades de perecer violentamente que en nuestro tiempo. Creo, desde mi modestos conocimientos, que está en lo cierto. Un repaso a la documentación notarial de los siglos XVII y XVIII, de cualquier pueblo o ciudad modesta, aporta innumerables noticias sobre casos de lesiones, muertes violentas y reyertas. No todo lo antiguo fue mejor, ni las gentes del campo han sido mejores -ni peores-que las de las grandes ciudades.
                               
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Hace ya más de dos años, publiqué unas líneas sobre unas trifulcas por el agua de riego, en 1780.  Unos cien años más tarde, las cosas habían cambiado muy poco, más o menos por los mismos pagos. Así, La Iberia, de 25 de septiembre de 1890, daba cuenta de lo siguiente: "Un guarda jurado del Puente de la Sierra (Jaén), a consecuencia de una cuestión que tuvo con un hortelano y un hijo de éste, enarboló su carabina, cogiéndola por el cañón, y blandiéndola a manera de maza, rompió la culata sobre las cabezas de aquéllos dejando a ambos heridos y al hijo en gravísimo estado".
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Los hortelanos eran, al parecer, tipos irritables. Que estos individuos, dedicados al cultivo de hortalizas y árboles frutales, en lugares amenos -aunque a veces un tanto embarrados- fuesen capaces de padecer tales arranques de ira, no deja de producir cierta estupefacción. Distinto es que hubiesen sido, en esa época, marineros, soldados, mineros o matarifes. Los guardas del campo, por su parte, no debían de ser ejemplos de mansedumbre.

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