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EL BOXEO COMO ESCUELA DE CABALLEROS


No fueron fáciles los inicios del boxeo en España. La comparación -siempre polémica- con la tauromaquia venía de antiguo. Al parecer, el combate Rhodes-Hoche en el Price, celebrado en Madrid en 1917, fue decisivo en la difusión del manly-art en España. Surgió la idea, incluso, de crear un club de boxeo -el  Boxing Club- donde impartirían sus clases reputados púgiles. También se organizaría un festival en el Hotel Palace. Entre sus patrocinadores se contaban numerosos aristócratas jóvenes. Quizás por anglofilia. La relación del boxeo con la ética aristocrática, en el sentido más amplio, era notoria para los partidarios de este deporte. En este aspecto, como en otros, las semejanzas entre boxeadores y toreros resultaba obvia. Un boxeador caído en la Gran Guerra, Bernard, afirmaba: "Aparte el desarrollo físico,el boxeo constituye una escuela de valor, de paciencia y de sangre fría. En los boxeadores se hallan la garantía del valor y la tranquilidad que constituyen el privilegio de todo individuo consciente de su saber y su fuerza". Afirma el autor del artículo publicado en Gran Vida -1 de mayo de 1925- haber conocido boxeadores procedentes de las más bajas capas sociales "y que hoy día, después de un par de años consagrados al pugilismo, pasa por modelo de caballeros; prueba inequívoca de la gran escuela de educación que significa este vilipendiado arte". Aparte de otras virtudes alaba el anónimo autor la utilidad del boxeo en la vida diaria: "pues nadie hasta el hombre más tranquilo, está libre de un ataque o agresión, ya que la humanidad no es perfecta, y como no es recomendable el empleo de la navaja o del revolver ni llevar la espada al cinto, colígese la utilidad de saber aplicar un swing o un enérgico directo al mentón o al estómago del intemperante que injustamente nos ataque, dejándole fuera de conocimiento o por lo menos grogy". Eran tiempos duros.

El boxeador de la fotografía es José Martínez Valero, El Tigre de Alfara.  

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