Ir al contenido principal

VALIENTES, FORMALES Y GRAVES




Centinela contra franceses de Capmany es un buen ejemplo de la propaganda bélica española durante la guerra contra Napoleón. Es también muestra de la reacción, originada antes de 1808, frente a la influencia de la cultura y las modas francesas.

La guerra, para Capmany, será la ocasión para retornar a lo español en su vertiente más casticista: "con esta guerra -afirma- volveremos a ser españoles rancios, a pesar de la insensata currataquería,esto es, volveremos a ser valientes, formales y graves". Volverán los españoles a tener patria, a tener costumbres propias, "cantaremos nuestras xácaras, y baylaremos nuestras danzas, vestiremos nuestro antiguo trage. Los que se llaman caballeros montarán nobles caballos, en vez de tocar el fortepiano". Se abandonarán los dramas semisentimentales afrancesados y "volveremos a hablar la castiza lengua lengua de nuestros abuelos, que andaba mendigando ya, en medio de tanta riqueza, remiendos de xerga galicana." Sin olvidar, por supuesto, aprender el árabe, el griego y el inglés "y después el italiano y el alemán si se sacuden la dominación napoleónica; y si no, no".

Comentarios

  1. Lástima de pueblo nuestro, sufrido y heroico, que tras echar a los franceses nos tuvimos que aguantar con un berraco que fue capaz de traicionar a su propio padre.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  2. Desde luego, don Cayetano. Fue una guerra, además, terrible, sin cuartel. El texto de Capmany es imponente e ingenuo. Hay entusiasmo en él

    Mis saludos.

    ResponderEliminar
  3. Bueno, en general las guerras suelen servir, o mejor dicho logran exacerbar -porque servir las guerras sirven para poco, aunque a veces resulten inevitables- los sentimientos nacionales.

    ResponderEliminar
  4. Valientes, formales y graves. Exotismo puro en tiempos en los que todo debe ser divertido. Es cierto que el texto es imponente e ingenuo. Qué extraño a nuestros oídos.

    ResponderEliminar
  5. Es una muestra de propaganda de guerra. Para aportar ánimos y argumentos a los que no estaban dispuestos a rendirse. También es un ejemplo de la hartura que provocaría la influencia francesa en las costumbres españolas de las clases ilustradas, en especial desde la Revolución.

    Saludos señor DLT.

    ResponderEliminar
  6. No es de estos tiempos. Así es, doña Olga. Me recuerda al epitafio de John Wayne: "Feo, fuerte y formal".

    Reciba usted mis saludos.

    ResponderEliminar
  7. En parte, no le faltaba razón al bueno de Campmany; se volvió a la España rancia...
    Saludos

    ResponderEliminar
  8. Opino lo mismo que Carmen: rancia y reaccionaria diría yo.

    ResponderEliminar
  9. Es cierto, doña Carmen y señor de Dissortat, que lo que vino después fue nada menos que Fernando VII. Pero también la Guerra de Independencia es el inicio de la España contemporánea y liberal. No lo perdamos de vista. Nunca hubiese sido preferible la victoria de Napoleón.

    Mis saludos.

    ResponderEliminar
  10. Siempre tenemos que volver a la historia para entender nuestra sociedad actual.

    un abrazo

    fus

    ResponderEliminar
  11. Es condición necesaria. Somos fundamentalmente historia.
    Bienvenido y reciba usted mis saludos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

PROTESTANTES DE EL CENTENILLO

Los ingleses explotaban las minas de plomo de El Centenillo, a pocos kilómetros de La Carolina, ya en Sierra Morena. Allí estaba instalados los Haselden, una familia inglesa, que corrió aventuras y trabajos en el pueblo y la comarca. Entre sus componentes podemos recordar a Arthur Haselden. Don Arturo, conocido así por el paisanaje, fue secuestrado en 1874 por unos facinerosos que obtuvieron un cuantioso rescate de 5.800 libras. En esos tiempos, Andalucía podía ser un lugar peligroso. Su hija, Mary Ethel Haselden, llamada por los del pueblo "doña Eze", según leo en Luis García Sanchez-Berbel, hacía proselitismo protestante entre los mineros, acompañada por una criada española llamada Flora y previamente catequizada. Llegó a existir en el poblado una iglesia de esta obediencia. Allí, los ingenieros ingleses y algunos mineros convertidos cantarían los domingos sus himnos como si estuviesen en Gales o en el Yorkshire. Entre los neófitos destacó un vecino llamado Raimundo Parril…

CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



Cuando el Imperio Romano de Occidente se hundió, en el siglo V, sólo permaneció, en palabras de FW Walbank en su obra La pavorosa revolución, lo que estaba arraigado en la tierra: el cultivo de la viña, las antiguas fronteras, las murallas de las ciudades y los edificios. Yo añadiría que también los cortijos. Fueron los parientes pobres de los monasterios y de los ca…