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EL FÚTBOL COMO VÍA CABALLERESCA



Eran los primeros tiempos del fútbol en España. Existían, en aquellos años, ciertas dudas sobre si era conveniente su práctica entre personas de buena crianza. Las carreras detrás de una pelota, los balonazos en la cabeza, el rodar por los suelos, en fin, todo lo que implicaba dicho ejercicio, era contemplado con evidente estupefacción por los fieles a los modales y a la compostura del siglo XIX.  Aquel siglo en el que los tipos bien educados jamás corrían. Ni en la guerra. El debate estaba abierto, una vez más, entre reaccionarios y modernos.

En el semanario Gran Vida, 1º de marzo de 1904, un autor - firmaba V.de C.- consideraba al fútbol como una disciplina varonil y educativa. Una práctica higiénica y saludable entre jóvenes bien educados, siempre que se practicase con prudencia, gallardía y empuje, lejos de toda animosidad y rencor: "con sinceridad os lo dice un gran entusiasta y defensor del foot-ball: si separáis al jugador del hombre bien educado, no queda mas que un asno dando coces a diestro y siniestro." Los amateurs debían evitar siempre las conductas deplorables "dando ejemplo de corrección y de finura en el juego" y "separando enérgicamente y sin contemplación de vuestros clubs a los jugadores que no observen igual conducta".

Años después, ya en los años veinte y en la misma publicación -primero de enero de 1923- se advertía: "Las defensas deben ser particularmente caballerosas, ya que en sus entradas siempre suele haber cierta ventaja, y en una palabra, la caballerosidad, en más o menos grados, debe ser norma en todos los jugadores. Con ella se da un gran paso para que resplandezca el verdadero arte, siendo como el marco en que se produzcan superabundante y libremente las sabias combinaciones y las más bellas jugadas."

Se trataba de adaptar la mentalidad y los usos caballerescos al nuevo deporte sin recurrir, todavía, a los valores vanguardistas, centrados en la acción, el clamor de los estadios y la velocidad.



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