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TABACO Y OCTAVILLAS EN 1780

Las disposiciones contrarias a los fumadores no son nuevas. Desde las relacionadas con el pernicioso efecto del tabaco para la salud, pasando por las dudas existentes sobre si el tabaco rompía el ayuno o de si se podía consumir dentro de los templos. Ya hemos tratado este asunto en otras ocasiones, siempre con los acertadísimos comentarios de los ilustrados lectores que, con tanta paciencia como indulgencia, frecuentan este cuadernillo sobre los españoles antiguos. El tabaco, además, siempre ha tenido una especial relación con el fisco. En la España de los siglos XVII y XVIII no era barato y su venta estaba controlada por la Real Hacienda. Los estancos actuales son, por tanto, cosa ya antigua conocida por los tatarabuelos de nuestros abuelos y desde antes todavía. Este control estatal era burlado por los contrabandistas que, a mayor o menor escala, daban esquinazo a recaudadores y guardas, carabina en ristre, para introducir en el mercado el tabaco y otros productos de distinta naturaleza, al margen de impuestos y aranceles. Tengo constancia de la existencia de estanqueros del siglo XVIII que compraban tabaco de mala procedencia, a veces, por miedo a los contrabandistas que, como gente del trueno, eran peligrosos y de poca paciencia. Pero el caso que nos ocupa, de 1780, los administradores de la renta real del tabaco de Jaén denunciaron a varios individuos por comprar pequeñas cantidades de rape, de procedencia ilícita, para su recreo personal. Es casi seguro que era del Brasil. Al parecer fueron procesados y el juez, no sin benevolencia y con optimismo dieciochesco, los absolvió sin darle demasiada importancia. Decidieron, entonces, los absueltos escribir y lanzar "papeletas" por las calles para dar, cabe pensar que no sin jactancia, tan gratísima noticia a los vecinos. La redacción de los pasquines debió de efectuarse entre humaredas, carrasperas y estornudos. No quedó aquín el asunto. Hubo más querellas a raíz de esta manifestación de triunfo, considerada irrespetuosa por la Real Hacienda y por el Concejo de Jaén, temeroso siempre a los motines en la calle.

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