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POBRES DEL BARROCO

Había muchos tipos de pobres en la España barroca. Los pobres vergonzantes eran personas de calidad, gente principal que debía ser socorrida con mucho miramiento y sin menoscabo de su honra. Recibían la limosna con gesto indulgente como si fuesen ellos los que hacían tal merced. Otros, sin llegar a tanto, encajaban la pobreza con entereza y dignidad. Hay una denominación que aparece con frecuencia en los documentos de archivo que, a lo largo de los años, he tenido la fortuna de consultar. Es la de pobre de solemnidad. Desconozco si hay algún término equivalente en otras lenguas. Agradecería a los lectores cualquier aportación al respecto. La admisión de la propia pobreza no originaba un sentimiento de deshonra. He constatado, por la lectura de padrones de hidalgos que vivieron en Jaén, en tiempo del Conde Duque, que no pocos nobles reconocían su indigencia con absoluta sinceridad, sin darle al asunto más vueltas. Su orgullo ensombrecía, a partes iguales, a la riqueza y a la miseria. También recuerdo el caso de la viuda de un hidalgo de inicios del XVIII,  con el doña delante de su nombre , a la que enterraron con un funeral de limosna "por la suma pobreza" que, según el párroco, padecía. No sé la razón pero, desde hace muchos años ya, imagino a doña Catalina -que así se llamaba- en sus destartaladas estancias, cercanas a la Casa de la Compañía de Jesús, bajo la incierta luz del siglo XVII.

Sobre los conceptos de pobreza y riqueza, en los medios católico y protestante respectivamente, es muy conveniente la lectura de una interesante entrada, incluidos los comentarios, de En Compostela.

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LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

PROTESTANTES DE EL CENTENILLO

Los ingleses explotaban las minas de plomo de El Centenillo, a pocos kilómetros de La Carolina, ya en Sierra Morena. Allí estaba instalados los Haselden, una familia inglesa, que corrió aventuras y trabajos en el pueblo y la comarca. Entre sus componentes podemos recordar a Arthur Haselden. Don Arturo, conocido así por el paisanaje, fue secuestrado en 1874 por unos facinerosos que obtuvieron un cuantioso rescate de 5.800 libras. En esos tiempos, Andalucía podía ser un lugar peligroso. Su hija, Mary Ethel Haselden, llamada por los del pueblo "doña Eze", según leo en Luis García Sanchez-Berbel, hacía proselitismo protestante entre los mineros, acompañada por una criada española llamada Flora y previamente catequizada. Llegó a existir en el poblado una iglesia de esta obediencia. Allí, los ingenieros ingleses y algunos mineros convertidos cantarían los domingos sus himnos como si estuviesen en Gales o en el Yorkshire. Entre los neófitos destacó un vecino llamado Raimundo Parril…

CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



Cuando el Imperio Romano de Occidente se hundió, en el siglo V, sólo permaneció, en palabras de FW Walbank en su obra La pavorosa revolución, lo que estaba arraigado en la tierra: el cultivo de la viña, las antiguas fronteras, las murallas de las ciudades y los edificios. Yo añadiría que también los cortijos. Fueron los parientes pobres de los monasterios y de los ca…