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EL VALOR DE UN MARINERO RUSO DE 1815



El 23 de marzo de 1815, El capitán Sevilla viajaba a Indias a bordo de la fragata La Providencia. Formaba parte de las fuerzas destinadas a sofocar la rebelión general que contra España se extendía por todo el Imperio en América. Recordaba nuestro oficial como en dicha travesía una ola lanzó al mar a un hombre. Un marinero se lanzó a salvarlo en medio de un espantoso oleaje. Causaba horror presenciar el trance. Con grandes riesgos y trabajos el marinero -de nación rusa- consiguió subir a cubierta al capitán Pereira, que así se llamaba el caído al mar. El capitán del buque mandó que, con premura, suspendieran a Pereira, agarrándolo por los pies para que -a fuerza de sacudidas- expulsara el agua que había tragado. Acudió, con este fin, un tripulante, fuerte como un toro pero corto de talla por lo que los vapuleos propinados al medio ahogado capitán no fueron efectivos. Decidió entonces asumir esta tarea el marinero que antes se había jugado la vida. El ruso -recordaba el capitán Sevilla- era "un gigante de atlética musculatura [...] de talla colosal y fuerzas hercúleas, de ancho pecho y de muñecas tan anchas y nervudas, que a su lado habrían parecido de dama las mías". Tanta era su fortaleza que, según escribe Sevilla con ingenua, desgarrada y cuartelera expresividad, el infortunado Pereira fue levantado "en el aire como un pollo" y "el agua salió a borbotones de la boca del náufrago". Y así salvó su vida por segunda vez. Tras superar un intervalo de estupor toda esta gente endurecida rezó con sincera devoción, dio gracias a Dios y organizó una gran comida. Consta que el anónimo y decidido marinero ruso presidió la mesa en premio a su coraje.


Capitán Rafael Sevilla, Memorias de un Oficial del Ejército Español. Campañas contra Bolívar y los separatistas de América, edición R. Blanco- Fombona, Editorial América, Madrid 1916.

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