Ir al contenido principal

SOBRE GERARD MANLEY HOPKINS Y LAS TAREAS DEL CAMPO

Gerard Manley Hopkins (1844-1889) escribió un poema cuya lectura es especialmente apropiada para esta época del año. Me refiero a Hurras por la cosecha cuyo inicio es "Summer ends now; now barbarous in beauty". Cita el poeta las gavillas que bien pudo ver en las cercanías de Oxford y esto me recuerda una faena agrícola ya olvidada y desconocida en este mundo alejado del campo. Barcinar es cargar las gavillas, colocarlas en el carro y enviarlas a la era. Una barcina es una red de esparto para recoger la paja y transportarla. José Antonio Muñoz Rojas, conocedor de estos trabajos y, además, primer traductor de los poemas de Hopkins al español, hacia 1936, nos dice en Las cosas del campo que el tiempo adecuado para barcinar es al alba. Son términos viejos. Leo en unos papeles también viejos que en Jaén, en 1627, se pagaban 18 ducados al año "un pensador con calidad de arar y barcinar el Agosto" más "dos fanegas de pegujar costeado". Este pensador, citado en el documento, no era hombre dado a filosofías y profundas meditaciones, por otra parte no incompatibles con los grandes silencios del campo, sino que se refiere a un mozo encargado de dar pienso a las reses, entre otras labores. El velador se ocupaba de los animales de labor durante la noche. El pegujar, o pegujal, era una pequeña parcela cedida a un campesino para que la cultivase para provecho propio a modo de salario indirecto. Los pegujaleros eran muy numerosos entre el campesinado español del siglo XVIII y quitaban el sueño a ilustrados y regeneracionistas.

He consultado la traducción de los poemas de G. M. Hopkins realizada por José Julio Cabanillas y editada por Renacimiento (Sevilla, 2001)

Entradas populares de este blog

LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

PROTESTANTES DE EL CENTENILLO

Los ingleses explotaban las minas de plomo de El Centenillo, a pocos kilómetros de La Carolina, ya en Sierra Morena. Allí estaba instalados los Haselden, una familia inglesa, que corrió aventuras y trabajos en el pueblo y la comarca. Entre sus componentes podemos recordar a Arthur Haselden. Don Arturo, conocido así por el paisanaje, fue secuestrado en 1874 por unos facinerosos que obtuvieron un cuantioso rescate de 5.800 libras. En esos tiempos, Andalucía podía ser un lugar peligroso. Su hija, Mary Ethel Haselden, llamada por los del pueblo "doña Eze", según leo en Luis García Sanchez-Berbel, hacía proselitismo protestante entre los mineros, acompañada por una criada española llamada Flora y previamente catequizada. Llegó a existir en el poblado una iglesia de esta obediencia. Allí, los ingenieros ingleses y algunos mineros convertidos cantarían los domingos sus himnos como si estuviesen en Gales o en el Yorkshire. Entre los neófitos destacó un vecino llamado Raimundo Parril…

CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



Cuando el Imperio Romano de Occidente se hundió, en el siglo V, sólo permaneció, en palabras de FW Walbank en su obra La pavorosa revolución, lo que estaba arraigado en la tierra: el cultivo de la viña, las antiguas fronteras, las murallas de las ciudades y los edificios. Yo añadiría que también los cortijos. Fueron los parientes pobres de los monasterios y de los ca…