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MORTIFICACIONES Y AYUNOS DE FUMADORES Y GOLOSOS

Ahora que estamos en Cuaresma no desentona recordar que, en los siglos XVII y XVIII, los españoles plantearon enconados debates sobre si fumar o beber chocolate rompía el preceptivo ayuno. Se publicaron tratados muy concienzudos dedicados a esta cuestión, como el de León Pinelo, de 1636, titulado Cuestión moral si el chocolate quebranta el ayuno o el escrito por Tomás Hurtado,editado en Madrid pocos años después, Chocolate y tabaco. Ayuno eclesiástico y natural si éste le quebranta el chocolate; y el tabaco al natural para la Sagrada Comunión. La polémica al respecto no era fácil de cerrar ni de resolver. No era para menos pues el católico de a pie no quería verse en el Purgatorio por una jícara de más, ni en el comprometido trance de dar unas desmañadas y titubeantes explicaciones el día del Juicio Final por haber aceptado una ruin tagarnina o un cigarro de hila y contrabando. De mediados del siglo XVIII es la obra El ayuno reformado, según práctica de la primitiva Iglesia por los cinco breves de nuestro Santísimo Padre Benedicto XIV, de la que es autor fray José Vicente Díaz Bravo, carmelita observante. Aquí se precisan algunos aspectos. Así, afirmaba fray José  con rotundidad, el chocolate es alimento y no bebida aunque una jícara regular de una onza al día, pero no de más, no rompía el ayuno. Fortalecía su argumento con que era una práctica admitida incluso en Roma y fundamentada en pareceres de "hombres doctos  timoratos " de todo el clero español  entre los que se contaban arzobispos, obispos, religiosos y catedráticos de Vísperas, Prima y Cánones de la Universidad de Salamanca. Por "timoratos" entiendo que no eran de manga ancha y, por tanto, dados a la permisividad y a interpretaciones festivas de las normas. Además las señoras, así lo indicaba el autor, que estuviesen acostumbradas a tomarlo por la tarde podían dividir la onza en dos raciones, una matutina y otra vespertina, sin quebrantar el ayuno. No era esto lo ideal ni propio de santas pero, a fin de cuentas, justificaba tal licencia por ser el chocolate "alimento dominante" que "no se toma cuando el sugeto quiere, sino es siempre que quiere el chocolate".

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LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

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CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



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