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SERVILONES

En 1818 la Junta General del Honrado Concejo de la Mesta recibió la visita de Fernando VII y de su hermano Don Carlos. En la Gaceta de Madrid del 13 de mayo de dicho año se da cuenta del suceso y se describe como el gozo "brillaba en el semblante de los leales vasallos de la junta". Discurseó el "sumiso Presidente" de la Mesta, así se le describe en la Gaceta, ante el Soberano que escuchó la pieza oratoria con "la dulzura y afabilidad que le son características". No se equivoca el lector, se refiere el texto a Fernando VII.  Taimado como nadie, además, Don Fernando disimularía en el semblante su fastidio, añorando la más amena compañía de su camarilla. Al fin, que ya era tarde, "entre vivas y aclamaciones se ausentaron los dos augustos hermanos". Hasta más ver señores. Después, para corresponder, acudió la Junta en pleno a Palacio para devolver la visita al Monarca pues "era forzoso que se apresurasen a renovar a los pies del mejor y más envidiable Soberano sus indelebles votos de lealtad y gratitud". Mientras España en ruinas, el Imperio perdido, el garrote a toda máquina, Labrador bostezando y el Santo Oficio a lo suyo.  Pasó a continuación  la sumisa comitiva al cuarto de Don Carlos donde, con mil previsibles zalemas,  se le cumplimentó con merecidas muestras de adhesión incondicional. El despotismo tiene estas cosas. Por algo los liberales tildaban a todos estos de serviles. Ni en los tiempos de mayor esplendor y poder,cuando se decía que eran vicedioses en la Tierra, recibieron los reyes en España una coba tan escandalosa. Desconocidos se dirigían a ellos con respetuosa sequedad cuando solicitaban mercedes y presentaban memoriales, algunos les decían verdades como puños, asperezas y amargas admoniciones. Hasta les advertían de la pérdida del alma si no cumplían como buenos. Y no por eso faltaban a su fidelidad. Pero eran otros vasallos y eran otros reyes.

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LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

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CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



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