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MISAS, GENTECILLA Y ALBOROTO



En la España del siglo XVI la obligación de asistir a misa en las fiestas de guardar era incumplida,en no pocas ocasiones, por la gente de las capas populares y urbanas. No era tanto una consecuencia de la secularización de las costumbres como de la pérdida del hábito de la práctica religiosa. Una carta de san Juan de Ávila, dirigida al asistente de Sevilla, se da constancia del hecho pues "muchos mancebicos de diez y más años se quedan ordinariamente sin oir misa los domingos y fiestas, y se están  jugando ó haziendo otros pobres recaudos". Estos "pobres recaudos" eran, entre otros posibles entretenimientos, participar en los apedreaderos que tenían lugar los domingos junto a las puertas de la Macarena y de Córdoba. Por otra parte, reconocía San Juan de Ávila, "Ay mal aparejo en las iglesias, porque estan llenas de gente de más edad, y serles molesta la inquietud que tienen los mochachos cuando están juntos". Para evitar travesuras y ruidos, con la consiguiente irritación de los devotos, no siempre ejemplares en el ejercicio de virtudes como la mansedumbre y la paciencia, pensó san Juan de Ávila que sería conveniente "se deputase para esta gentezilla iglesias ó hospitales donde no fuesse otra gente". La idea no estaba mal pero otra cosa era aplicarla y encarrilar, camino de la iglesia, a una feligresía de tal pelaje, siempre más predispuesta a la travesura que a escuchar sermones. Proponía, nada menos, "que anduviessen aguaziles por las calles cogiendo los mochachos para llevarlos al lugar de la missa". No creo que fuese efectiva, si alguna vez se puso en práctica, tal diligencia. No en vano los alguaciles de la Sevilla del siglo XVI estaban entre los más atareados de la Monarquía de España.


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