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UN ESPAÑOL EN LA GRANDE ARMÉE


Manuel Antonio López nació en Mellid, La Coruña, en 1787. En 1802, con quince años, sentó plaza de soldado voluntario en el Regimiento de Asturias. Dos años más tarde ascendió a sargento y participó en las campañas contra Inglaterra en 1805 y 1806. En 1807 fue enviado al norte de Alemania y Dinamarca en la expedición mandada por el marqués de la Romana. Una parte considerable del contingente español decidió, con ayuda británica y no sin grandes riesgos, volver a España para luchar contra los franceses tras los sucesos del dos de mayo de 1808. Hubo, sin embargo, españoles que optaron, o fueron obligados, a permanecer bajo las banderas de Bonaparte. Manuel Antonio López fue uno de ellos. Las razones de esta decisión son difíciles de conocer. Pudieron ser escrúpulos de honor, la confusión de los tiempos, la fascinación ejercida por Napoleón o la atracción de la aventura y del azar. No le faltó coraje a nuestro personaje. Sirvió en el Elba, recibió un bayonetazo en la batalla de Lützen, un tiro en un pie en la de Leipzig y le hirieron en la cabeza con un sable durante la jornada de Hanau. Su gran aventura tuvo lugar en 1812 cuando el Emperador ordenó la invasión de Rusia. Allí estuvo López. Encuadrado en los batallones españoles del Primer Ejército, pasó el Niemen y el Duina y llegó a entrar  Moscú. También fue uno de los supervivientes de la desastrosa retirada de la Grande Armée. Dejó constancia escrita de los hechos: "Cruzamos un territorio muy boscoso que ofrecía muchos claros de donde salían de improviso masas de cosacos". Por la noche, recordaba, "dormíamos en cuadro, turnándose dos filas en pie y una sentados", con un frío terrible y siempre hostigados por los rusos. Fue testigo, al final, de la caída de Napoleón y con la vuelta de los Borbones quedó Manuel López, capitán y caballero de la Legión de Honor, en una difícil situación, sin poder volver a España, oficial de un ejército derrotado y, al fin y al cabo, extranjero en Francia. Esta incertidumbre se despejó a los pocos años pues en 1818 obtuvo la nacionalidad francesa y continuó su carrera militar,con numerosos ascensos y distinciones. Obtuvo su retiro en 1845. Fue un personaje conradiano o como los que aparecen en las páginas de Grandeza y servidumbre militar de Alfred de Vigny. Murió en Guingamp, Bretaña, el 14 de marzo de 1862.

Los datos biográficos están recogidos en el estudio del comandante Paul Boppe, Los españoles en el ejército napoleónico, (edición en español, Málaga 1995)

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