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EL CALOR DEL VERANO DE 1708 Y OTROS ASUNTOS DE CANÓNIGOS

Los años de 1707 y 1708 fueron muy difíciles. España estaba en plena guerra de Sucesión, hubo plagas de langosta y, encima, no paró de llover. No era mala la lluvia pero otra cosa fue aquel diluvio que empantanó caminos, provocó riadas y arrastró los puentes. Llegó a faltar el pan por la pérdida de las cosechas y por la falta de abasto al no poder los arrieros trajinar con tan mal tiempo. Tenían que quedarse en sus casas o al regular resguardo de las ventas y posadas. Para rematar el asunto la langosta arrasó lo poco que había en el campo.
 El verano fue también muy duro por los calores. Los prebendados del Cabildo catedralicio de Jaén padecieron en sus capítulos unos agobios tremendos. Al no vestir con atavíos frescos, y por tratarse en tales reuniones asuntos muy áridos y no precisamente amenos, llegó el día en que no se pudo más y hubo que huir de aquel brasero. El ocho de julio de 1708 decidieron: "como en atención a los excesivos calores al tiempo presente con la ocasión del mucho sol que entra por las tres ventanas de la sala capitular", se mudase el lugar de celebración de los cabildos a la bóveda baja de la sacristía mayor, más fresca y resguardada. Y no sólo por regalo de los beneficiados sino atendiendo a los aprietos que pasaban el escribano y los oficiales que tomaban nota de lo tratado. Para personajes tan graves y siempre reacios a novedades, para los que cualquier cambio era un mal trago, esta decisión no carecía de importancia. Prueba esta afirmación que aparezca en las correspondientes actas del Cabildo. Los prebendados tenían, además, derecho a 185 días anuales de vacaciones o, como se decía en la época, "de recreación". Recreación es palabra festiva, sin duda.  Si faltaban a sus obligaciones más días de los permitidos no ganaban prebenda, es decir, no cobraban sus correspondientes gajes.

Y si estos varones de tan altas prendas tenían días de recreación no está mal que el Retablo de la Vida Antigua cese también durante unas jornadas. Volveremos a hablar de las cosas de antaño cuando se acorten un poco los días. Tiempo habrá si Dios quiere. Reciban todos ustedes mis saludos y mi agradecimiento.

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