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LANCETAS

Gregorio Marañón consideraba bárbara la costumbre de practicar sangrías. Y la lanceta era el instrumento para tal recurso. En los tiempos de Velázquez se podía adquirir una, con guarniciones de concha, por tres reales y medio. El cirujano giennense Jacinto de Arteaga tenía, según consta en una escritura notarial, de 1691, "un estuche de lancetas guarnecidas en plata y unas piedras de afilar y otras herramientas sacamuelas de dicho mi arte". Arte que no oficio mecánico. En esto Arteaga no admitía dudas. Lo de  las herramientas para sacar muelas no sugiere un trance especialmente grato. En otro lugar, pero para el caso es lo mismo, Lord Chesterfield aconsejaba a su hijo extremar la higiene dental para evitar, entre otros inconvenientes impropios para un caballero,  los horrorosos dolores  provocados por una dentadura en mal estado. Pero volvamos a España y a recordar precios, así una caja de cirujano costaba cinco reales y un real menos la de barbero. Los artilugios para darle sustancia al recado se pagaban aparte. Menguada inversión en cualquier caso. Otros asuntos a resolver eran los años de aprendizaje y conseguir las licencias del Real Protomedicato, dependiente del Consejo de Castilla, para ejercer en condiciones. Sobra indicar que no todos tenían las correspondientes patentes ni, menos todavía, intención de  ir a la Corte a intentar obtenerlas con exámenes de incierto resultado. No había que preocuparse demasiado pues, dada la falta de médicos, cirujanos y barberos, los cabildos municipales no eran muy estrictos en este negocio.

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LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

PROTESTANTES DE EL CENTENILLO

Los ingleses explotaban las minas de plomo de El Centenillo, a pocos kilómetros de La Carolina, ya en Sierra Morena. Allí estaba instalados los Haselden, una familia inglesa, que corrió aventuras y trabajos en el pueblo y la comarca. Entre sus componentes podemos recordar a Arthur Haselden. Don Arturo, conocido así por el paisanaje, fue secuestrado en 1874 por unos facinerosos que obtuvieron un cuantioso rescate de 5.800 libras. En esos tiempos, Andalucía podía ser un lugar peligroso. Su hija, Mary Ethel Haselden, llamada por los del pueblo "doña Eze", según leo en Luis García Sanchez-Berbel, hacía proselitismo protestante entre los mineros, acompañada por una criada española llamada Flora y previamente catequizada. Llegó a existir en el poblado una iglesia de esta obediencia. Allí, los ingenieros ingleses y algunos mineros convertidos cantarían los domingos sus himnos como si estuviesen en Gales o en el Yorkshire. Entre los neófitos destacó un vecino llamado Raimundo Parril…

CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



Cuando el Imperio Romano de Occidente se hundió, en el siglo V, sólo permaneció, en palabras de FW Walbank en su obra La pavorosa revolución, lo que estaba arraigado en la tierra: el cultivo de la viña, las antiguas fronteras, las murallas de las ciudades y los edificios. Yo añadiría que también los cortijos. Fueron los parientes pobres de los monasterios y de los ca…