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VARAS Y ESPADAS O EL DOMINGO DE RAMOS DE 1687

En 1687 los componentes del Cabildo municipal de Huelma, señorío del duque de Alburquerque, en el Reino de Jaén, declararon ante escribano que existía la costumbre en las ciudades, villas y lugares de su obispado que el Domingo de Ramos y el día de la Purificación de Nuestra Señora "estando en las yglesias en los oficios divinos, vayan a recibir las velas y palmas benditas de mano del preste que esta celebrando los oficios y que las justicias vayan con sus baras en las manos y las espadas en cinta a recibir velas y palmas y demas capitulares con sus espadas". No era costumbre bien aceptada por el clero. No tanto por pacifismo como por razones protocolarias. Cada cosa y cada persona tenía que estar en su sitio en aquella sociedad jerarquizada y orgánica. Por cuestiones aparentemente menores se promovían disputas, se empeñaban las partes en largos e inciertos pleitos y se fulminaban excomuniones. Ya tuvimos ocasión de hablar de los disgutos que provocaba lo de repartir velas en las solemnidades religiosas de aquellos tiempos.

Volviendo al caso de Huelma, en ese lejano 1687, el prior don Lorenzo de Molina dijo con claridad a la Justicia y Regimiento de la Villa "que si abian de tomar las velas abia de ser sin las baras de la Justicia y quitarles las espadas". Mal asunto. Además comunicó su postura mediante un recadero y "estando todo el Cabildo para entrar en la Iglesia", es decir, cuando estaba de punta en blanco. Para un español del siglo XVII, hidalgo o ahidalgado, dar este espectáculo ante todo un vecindario era una situación insufrible y grande el menoscabo de su autoridad si ejercía alcaldía u oficio público.

El dato sobre Huelma y otros aspectos más en: Ángel Aponte Marín, "Violencia, conflictividad social e instituciones en Huelma (1680-1700)", en Sumuntán, 1, 1991.

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