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SERMONES Y PREDICADORES EN EL MADRID DE LA ILUSTRACIÓN

Las formas de devoción religiosa vigentes en el siglo XVIII poco habían cambiado respecto al siglo anterior. Puede fundamentar esta afirmación lo siguiente: entre el Miércoles de Ceniza y el Lunes de Pascua de 1769 se concertaron , sólo en Madrid, 1.835 sermones. Los predicadores "dispuestos a sembrar la Divina Palabra , para utilidad de las almas" eran sacerdotes, capellanes y religiosos de diferentes órdenes. La mayoría de los que subirían al púlpito eran frailes, unos 268 frente a 65 seculares. Los más numerosos fueron los franciscanos y los capuchinos. En ambos casos contaban con una gran presencia en los medios populares. Seguían, con menos oradores, los trinitarios, carmelitas, mercedarios, escolapios, afligidos, gilitos y agonizantes, entre otros. A la Villa y Corte llegaban, además, predicadores de los pueblos cercanos e incluso de alejados reinos y territorios de la Monarquía. Así se contaba con la presencia, en dicho año, del teólogo de Nueva España don Francisco Zalvide. El que más sermones tenía comprometidos, casi medio centenar y más de una intervención al día, era el sacerdote don Agustín de Villanueva. Ya de lejos, con dos docenas cada uno, fray Plácido Fontana y fray Gregorio Pérez, este último franciscano.

El horario para los sermones, según era costumbre y según conveniencia de cada parroquia y convento, se establecía a las diez de la mañana y, ya por la tarde, a las cuatro y a las seis y media. La convocatoria de las cuatro era la que más éxito tenía. Es un dato interesante sobre las costumbres de los españoles. Los días con más sermones eran el Jueves Santo y el Viernes Santo, en concreto con 135 y 91 respectivamente.

Asistían a estos actos religiosos representantes de las más altas instituciones, así el Consejo de Castilla acudía a San Gil, los alcaldes de Casa y Corte a Santa Cruz, el Cabildo municipal al Salvador, el Consejo de Inquisición a Santo Domingo el Real, los del Consejo de Indias a los carmelitas calzados, el de Órdenes a San Felipe Neri y los de Hacienda a San Cayetano. Quizás los de este Consejo, si el predicador se alargaba demasiado, cavilarían sobre la posibilidad de inventar nuevos arbitrios y sisas, sobre la manera de cargar más la renta del aguardiente o sobre posibles remedios para hacer de efectiva cobranza los repartimientos.

Los ilustrados, de espadín y casaca, con su religiosidad poco expresiva, un tanto aguafiestas y jansenista, debían de exasperarse con tanto ir y venir de frailes que ascendían resueltos a los púlpitos, dispuestos a que retumbasen las bóvedas si era necesario, capaces de crear, a su manera, opinión y de influir más que cien memorias e informes sobre las reformas de las costumbres.

Los datos sobre predicadores y sermones están tomados del trabajo de Francisco Aguilar Piñal: "Guía cuaresmal para la Villa y Corte en 1769", Instituto de Estudios Madrileños, X, 1974.

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