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LA OSCURIDAD DE PALACIO

Causaba extrañeza en italianos y franceses la oscuridad de Palacio. Quizás exageraban pero algo habría de verdad en sus observaciones. Había una estancia llamada "la Sala oscura". No era la única. Eran muchas las que no contaban con otra luz que la que entraba por las puertas y por ventanucos altos. Oscuros eran los interminables pasadizos y corredores, las escaleras, el acceso a las torres, las salas y las covachuelas. Sombríos como el disimulo, la doblez y el desengaño. Sepulcro de vivos es la Corte, decía Antonio Pérez.

Con tanta tiniebla era obligado que la luz fuese polilla del bolsillo real. Carl Justi, en sus estudios sobre Velázquez, afirmó que cada año se gastaban 60.000 ducados en velas y cera. Aparte el aceite de velones y candiles. Domínguez Ortiz refiere unas cuentas de la Casa Real, en 1676, donde constan "limosnas de cera" que ascendían a 10.000 ducados. Eran partidas muy elevadas. Organizar el alumbrado de Palacio era tarea del cerero, a las órdenes del mayordomo mayor.

Esta afición a los espacios con poca luz se extendía también a las casas particulares. A madame d´Aulnoy no le pasó desapercibido este hecho. Dejó constancia de la frecuencia con que se veían, en España, ventanas sin cristales. Atribuyó tal hábito al elevado precio del cristal. Puede ser. Cuando arreciaban los fríos se solían cubrir los vanos con lienzos encerados.

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LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

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CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



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