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CHAPINES

Los chapines tenían gran aceptación entre las españolas del siglo XVII. Era un calzado con una gruesa plataforma formada por varias láminas de corcho, reforzadas con láminas de estaño, o de otros metales, y clavijas de plata. El chapín se apoyaba en el suelo sobre dos protuberancias, una hacia la punta y otra hacia el talón. Sobre esta elevada base se disponían unos añadidos de cordobán o de badana que daba al chapín un aspecto similar a una sandalia. El pie, antes de calzarlo, debía ir previamente enfundado en unas babuchas o zapatillas ligeras. Las mujeres que decidían salir a la calle con chapines, pues no era calzado para estar en casa, solían llevar una bolsa,de cierto lujo, para guardarlos si era necesario despojarse de éstos. Medida de prudencia si había que apresurarse o, lo que era más improbable, correr. Era lo que se entendía por "soltar los chapines". Los chapines eran frecuente causa de caídas y torceduras. Calzar chapines indicaba que ya se contaba con suficiente edad para contraer matrimonio o que ya se había pasado por el Altar. Esto valía también para la misma Corte de los Austrias, como bien dejó escrito Gregorio Marañón.

Los chapines fueron objeto de todo tipo de sátiras, burlas y sarcasmos misóginos El doctor Laguna, Lope de Vega y por supuesto Quevedo escribieron sobre tales prendas. Se puede recordar, en concreto, la mención de este autor al respecto en su Instrucción y documentos para el noviciado de la Corte. También los moralistas que se espantaban ante las locuras del siglo mostraron una abierta antipatía ante estos andamiajes de corcho. Se unía la reprobación de los chapines a la de los bigotes engomados, las melenas, las gorgueras, los coches y los guardainfantes. No había cuartel. Es posible que estos catones barrocos asociasen los chapines al bullicio de la calle que tanto divertía a aquellos españoles.

Por último no quiero dejar de recordar el impuesto llamado "el chapín de la Reina" recaudado con motivo del casamiento del Rey. El Cabildo municipal de Jaén, en 1599, afirmaba al respecto: "quando las señoras reynas se casan le concede [El Reino] ciento y cinquenta cuentos pagados en tres años, como se a acostumbrado otras veces". El Concejo, por cierto, trató de zafarse de dicha carga alegando ciertas exenciones de las que no hizo caso alguno la Real Hacienda. Era contribución directa de la que estaban libres hidalgos y clérigos.

Miguel Herrero: Oficios populares en la sociedad de Lope de Vega, Madrid 1977.
La referencia al Chapín de la Reina y el Concejo de Jaén: Ángel Aponte Marín: Gobierno municipal, elites y Monarquía durante el reinado de Felipe III (1598-1621), Jaén 2010.


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