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EN TIEMPOS DE CARLOS II

No faltaban novedades en el Jaén del reinado de Carlos II. Un episodio que debió de tener una gran repercusión fue el ocurrido en 1681. Todo comenzó cuando el alguacil mayor don Lucas Manuel de Velasco entró en una casa a detener a unas gentes de mal vivir. Tuvo que ser don Lucas hombre dispuesto, bragado y dispuesto a dar la cara. Cuando se disponía a hacer cumplir la Justicia del Rey los jaques le dispararon un escopetazo. Fue alcanzado por cinco balas y aunque nadie daba un ochavo por su vida la salvó. Fue gracias a que el alguacil mayor llevaba sobre su pecho un relicario de Nuestro Padre Jesús Nazareno que recibió los impactos. El cristal que resguardaba la imagen quedó intacto. El hecho fue tenido por milagroso y mandó hacer información el provisor don Juan de Quiroga y Velarde. En una escritura del escribano del Número de Jaén Ramos de Ulloa se confirma la realidad de las heridas aunque no se dice nada de milagros. Así consta que el 25 de mayo de 1681 don Lucas Manuel de Velasco, “estando de presente erido y a peligro de muerte de un carabinazo que me dieron”, declaraba no poder testar al tiempo que otorgaba poderes al corregidor de Jaén, don José Francisco de Aguirre, para que sin más tardanza le preparase la sepultura, nombrándole además albacea y “por mi eredero porque así es mi voluntad”. Actuaron como testigos los cirujanos Jacinto de Arteaga, Antonio González Bazán y Cristóbal de Ureña, que podían dar cuenta de la situación del alguacil mayor que “por la gravedad de las eridas no firmó por no poder firmar y firmó a su ruego un testigo”.

Estas líneas se escriben en conmemoración del aniversario del nacimiento de Carlos II, a raíz de la feliz iniciativa del blog Reinado de Carlos II. Respecto al suceso que se narra debo decir que se publicó en parte hace ya casi cien años, en Don Lope de Sosa. Después fue recogido por José García en su obra sobre cuentos y tradiciones de Jaén. Ángel Aponte, en un artículo publicado en una de las crónicas de la Cena Jocosa, correspondiente a 2007, editada por los Amigos de San Antón de Jaén , aportó la referencia a la escritura notarial conservada en el Archivo Histórico Provincial de Jaén..

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LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

PROTESTANTES DE EL CENTENILLO

Los ingleses explotaban las minas de plomo de El Centenillo, a pocos kilómetros de La Carolina, ya en Sierra Morena. Allí estaba instalados los Haselden, una familia inglesa, que corrió aventuras y trabajos en el pueblo y la comarca. Entre sus componentes podemos recordar a Arthur Haselden. Don Arturo, conocido así por el paisanaje, fue secuestrado en 1874 por unos facinerosos que obtuvieron un cuantioso rescate de 5.800 libras. En esos tiempos, Andalucía podía ser un lugar peligroso. Su hija, Mary Ethel Haselden, llamada por los del pueblo "doña Eze", según leo en Luis García Sanchez-Berbel, hacía proselitismo protestante entre los mineros, acompañada por una criada española llamada Flora y previamente catequizada. Llegó a existir en el poblado una iglesia de esta obediencia. Allí, los ingenieros ingleses y algunos mineros convertidos cantarían los domingos sus himnos como si estuviesen en Gales o en el Yorkshire. Entre los neófitos destacó un vecino llamado Raimundo Parril…

CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



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