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ENTRE SAN MIGUEL Y SAN LUCAS

Por San Miguel se cerraban los tratos relacionados con el campo. También, a partir de este día, los caballeros veinticuatro de Jaén, en los siglos XVI y XVII, daban licencias a los vecinos para que llevasen sus ganados a los montes del Concejo y pudiesen varear la bellota. No antes pues aún no estaba madura. Ocasión hubo en la que no se pudo acudir a la montanera hasta el día de los Santos por estar verde el fruto. Las Ordenanzas municipales imponían a los desobedientes una multa de 600 maravedíes. No era poco pues el jornal era, más o menos, de dos reales. En esos otoños las piaras también se mantenían con escaramujos y majoletas, la baya del espino albar, muy abundante en las sierras cercanas a la ciudad. Otra fecha de primera consideración en los tiempos antiguos era el 18 de octubre, el día de San Lucas. Entre la fiesta de la Virgen del Pilar y San Lucas venían los pastores a invernar a las navas de Sierra Morena, en sus viejísimas rutas por cañadas, cordeles y veredas desde las sierras del Sistema Ibérico. Permanecían aquí hasta el día de otro evangelista, y éste amigo del toro. Me refiero a San Marcos, ya en abril. Estas noticias corresponden a las tierras de Jaén. Imagino que igual ocurría por otros pagos. Son estas jornadas de octubre buenas para la caza, para ir al monte, nostálgico del paso de los rebaños mesteños, cuando las tardes se acortan y los zumaques toman un rojo intenso en las pendientes soleadas. También en San Lucas comenzaba el curso escolar, en los tiempos del Quijote y de fray Luis de León, para acabar por san Juan de junio. Todo esto lo describe muy bien García Mercadal en un libro imprescindible para conocer la vida universitaria de los siglos XVI y XVII, me refiero a Estudiantes, sopistas y pícaros.

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LA COCINA DE SANTA TERESA

No había mucho para aparejar una mesa a finales del siglo XVI. Los alimentos eran poco variados, escasos y caros. Los malos caminos, las alcabalas, las sisas y el intervencionismo municipal sobre tratos y contratos no facilitaban ni los abastos ni los precios bajos. Muchos españoles del tiempo de los Austrias se iban a dormir con las tripas desasosegadas. En los escritos de santa Teresa de Ávila hay algunas noticias sobre víveres y cocina. Nadie ha demostrado que la mística y la santidad sean incompatibles con los pucheros.

Aunque las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, dispuestas por santa Teresa, imponían con claridad la prohibición de comer carne, había situaciones en las que se daba licencia para su consumo Así, en marzo de 1572, pedía a su hermana, doña Juana de Ahumada, unos pavos para las monjas de la Encarnación de Ávila. A inicios de 1573 daba las gracias por el envío de sesenta y dos aves para unas monjas enfermas del mismo convento. En octubre de 1576 escribía al P…

PROTESTANTES DE EL CENTENILLO

Los ingleses explotaban las minas de plomo de El Centenillo, a pocos kilómetros de La Carolina, ya en Sierra Morena. Allí estaba instalados los Haselden, una familia inglesa, que corrió aventuras y trabajos en el pueblo y la comarca. Entre sus componentes podemos recordar a Arthur Haselden. Don Arturo, conocido así por el paisanaje, fue secuestrado en 1874 por unos facinerosos que obtuvieron un cuantioso rescate de 5.800 libras. En esos tiempos, Andalucía podía ser un lugar peligroso. Su hija, Mary Ethel Haselden, llamada por los del pueblo "doña Eze", según leo en Luis García Sanchez-Berbel, hacía proselitismo protestante entre los mineros, acompañada por una criada española llamada Flora y previamente catequizada. Llegó a existir en el poblado una iglesia de esta obediencia. Allí, los ingenieros ingleses y algunos mineros convertidos cantarían los domingos sus himnos como si estuviesen en Gales o en el Yorkshire. Entre los neófitos destacó un vecino llamado Raimundo Parril…

CORTIJOS

Por mucho que algunos digan lo contrario, hay cortijos en Andalucía desde los romanos. José María Blázquez afirma que los fundi, que bien podemos emparentar con los cortijos, comenzaron a proliferar a finales del siglo II, para adquirir plena importancia a partir del IV, aunque no sólo en Andalucía sino también en la Meseta donde eran, incluso, más ostentosos. En tiempos difíciles constituyeron enclaves autosuficientes, cercados de muros sólidos, para mejor resguardo de las bandas de merodeadores, y bajo el gobierno de terratenientes con mando en plaza, fuente de autoridad patriarcal sobre sus esclavos, colonos y libertos.



Cuando el Imperio Romano de Occidente se hundió, en el siglo V, sólo permaneció, en palabras de FW Walbank en su obra La pavorosa revolución, lo que estaba arraigado en la tierra: el cultivo de la viña, las antiguas fronteras, las murallas de las ciudades y los edificios. Yo añadiría que también los cortijos. Fueron los parientes pobres de los monasterios y de los ca…